Juego de Rol - Parte 6
*Historias y escándalos de barrios privados, lo que todos saben pero pocos se animan a contar.
Por Télam
En lo laboral y mal que me pese e involuntariamente había capitalizado mi estadía en el Highland Over the Sea. Encuentros con gente que había conocido, puertas que se abrían más fácilmente, sonrisas donde antes había gestos adustos o de reserva. El propio dueño de la Revista donde trabajaba quedó impresionado cuando se enteró al fin del verano que yo había estado allí. No se decidía a preguntarme detalles –lo hubiera puesto en un lugar incómodo de inferioridad, los que nunca habían estado “allí” se morían por conocer detalles, saber cómo era- yo no le facilité la tarea. No correspondía que le informara lo que pasaba puertas adentro del Country. El Jefe de Redacción se retiró anticipadamente por razones de salud y el puesto, con el correspondiente ascenso, suba de sueldo y prestigio recayó en mi. Ahora dirigía la Revista más prestigiosa del país.
Pero lo más importante fue que nuestra pareja se consolidaba y cada vez estábamos mejor. Empezamos a hablar de casamiento. Llevábamos casi dos años conviviendo y nos queríamos. Ambos deseábamos tener un hijo y casarnos era el siguiente paso obvio. Los padres de Victoria se pusieron…si no felices al menos recibieron la noticia con satisfacción. Amanda la mamá de Victoria se había resignado, y prefería una situación regular al “concubinato ilegal” que a veces se le escapaba.
En agosto nos comprometimos. Mis futuros suegros hicieron una bonita fiesta íntima para unas 150 personas, anticipo de lo que sería el casamiento el año próximo. Yo también llegué a apreciar a Santiago. Era un hombre de pocas palabras, pero inteligente y decidido. Al promediar la fiesta me llevó a un aparte, compartimos una copa de vino en su estudio.
Se congratuló de mi ascenso en la Revista, me contó algunas de sus actuales preocupaciones, con su hijo menor que “se hacía el hippie, claro con mi plata” y hacía 8 meses que vagaba por la India. Me di cuenta que sus grandes amores de toda la vida eran Victoria - que iba a entregarme en pocos meses-, y el Highland Over the Sea que florecía pero requería intensos cuidados y permanente supervisión. En un momento lo vi hasta abrumado, resultaba evidente que aquella obra familiar le resultaba fuente no sólo de placer sino de enormes responsabilidades.
El resultado de aquella conversación en que por primera vez se abrió un poco a mí fue que le tomé un mayor aprecio y empezamos a vernos quieras que no como miembros de una futura familia. Amanda en cambio era incorruptible en su decepción. Tampoco era muy importante en mi escala de preocupaciones esa señora varada en los años 50 de su lejana juventud.
Victoria estaba preciosa aquel verano y ni oyó mis protestas: yo no quería volver a aquella jaula de oro, a ver aquellas mujeres pretenciosas y sus maridos compitiendo como gallos de riña.
Dale Tito – le gustaba llamarme con aquel sobrenombre de mi infancia, tan grasa pero tan íntimo. Y lo hacía a veces para provocar en casa de sus padres- al final lo pasamos bien, la playa y la naturaleza son inigualables. Si no querés no te tratás con nadie – arguía-.
Pero no es tan grave. Sino donde vamos a ir? En el Highland soy feliz, me encuentro con mis amigotas de la infancia, puedo ver a los viejos un poco más que en el año. Y no tenemos que pensar en nada: llegamos y nos vamos a la casita. Ya mamá me dijo que Tomasa y José estarán a nuestra disposición exclusiva. Y Patri también para atenderme a mi con la ropa, hacerme mandados, en fin. Ya sabés.
La vi tan entusiasmada, a mi “niña rica” como le decía que accedí.
“Niña rica” y se calentaba más. Cuando se lo decía en la cama empezaba a delirar y no me costaba mucho hacerla llegar.
“Decímelo, dale”
“Sacáte todo, Nena Rica. Nena de Papá, consentida. Sacáte la ropa que el Tito te va a agarrar y te rompe toda”.
“Ay…pero no sé si quiero ahora” decía con voz aniñada, caprichosa.
“Entonces la ropa te la arranco yo y te abro así….” “Mirá como el tano de Santos Lugares se la goza a la Nena Rica”.- yo acentuaba mi hablar canyengue de pibe de barrio -
“Ay….........”
Cosas así.
Cuestión que allí estábamos a principio de 2005, yo dispuesto a no mezclarme mucho con la ralea de socios que había conocido y detestado el año pasado. Bosque y playa. Que Victoria visitara a sus amigas igual había tiempo para todo.
El 16 de Enero, tenía que ir al Banco – había sucursal en el centro del pueblito al lado de la intendencia – a retirar dinero. Victoria se había ido el día anterior a Buenos Aires a grabar un programa y volvía para disfrutar los últimos días de vacaciones.
Tomé las llaves del auto y mis documentos….Estaba mi licencia de conducir, mi carné de la prepaga, la tarjeta de crédito…todo en la billetera. Pero no el DNI. Empecé a buscar bien y no lo encontré. Estaba seguro de haberlo traído porque ya había hecho días antes otra operación esta vez en el correo y había tenido que exhibirlo. Busqué por todas partes, en las habitaciones de nuestro chalet. En la casa principal, en los autos que estaban todos en la casa en ese momento. El DNI no aparecía.
Hice un último intento, preguntando al personal de servicio. Me irritó que ninguno supiera decirme nada tenía esperanzas de que ellos lo hubieran encontrado, pero el hecho es que el documento no estaba.
La transacción bancaria no era importante. En unos días nos volvíamos. Y el dinero era lo de menos. Pero tenía que denunciar la pérdida del DNI para gestionar otro. Protestando me subí a un auto con idea de ir hasta Pinamar a radicar la denuncia. Mi suegro que había seguido toda la secuencia me dijo:
Pero no, Alberto. Si nosotros tenemos Policía. Tenemos Destacamento Oficial. Andá a verlo a Giménez Gaitán y que te tomen la denuncia. Andá que mientras vas llegando yo lo llamo.
Bueno Santiago, le agradezco. Voy para allá – dije y me monté en el auto.
Llegué en 10 minutos al Destacamento. Me introdujeron de inmediato al despacho del Jefe, Giménez Gaitán. Estaba hablando por teléfono. Se lo veía concentrado, atento.
Bueno, si es así yo voy para allá ya mismo – decía a su interlocutor-
…
No, no es necesario. Es cuestión de un rato.
…
Si, yo voy con dos hombres y lo arreglamos allí mismo. Hasta luego. – Cortó.
Como estás Alberto – me dijo. Me trataba más distendido que cuando mi suegro estaba presente. – Ahora te hago traer los papeles para que hagas la denuncia. Yo me tengo que ir urgente hasta Cariló. Detuvieron a dos tipos que estaban rondando y tenían fotos del Country, tomadas desde el exterior. Asique voy a ver qué pasa con ellos. Tenemos esa colaboración con los Jefes de Policía de la zona. Probablemente es alguna boludez, pero no los pueden mantener detenidos toda la noche si no hay causa. Vos sabés como están ahora con los Derechos Humanos y esas huevadas- buscó mi complicidad pero no la obtuvo con su comentario despectivo- Asique me voy a las apuradas, vuelvo en una hora. Dejáme la denuncia acá en el escritorio y mañana te la hago llegar con firma, sello y todos los chiches. Hasta luego – y partió.
Me quedé solo en el despacho. Apareció un Guardia con el formulario. Me lo alcanzó junto con una birome,y se retiró cerrando la puerta.
Rellené rápidamente el documento. Cuando iba a firmar, la birome no me respondió. Probé en un taco de papel que había al lado, pero nada. No tenía más tinta. Me incliné alargando mi cuerpo a través del escritorio para tomar otra que sobresalía de un portalápices al otro lado, el del comisario. Al hacerlo, el portalápices se cayó esparciendo lapiceras, gomas, clips por el escritorio. Di la vuelta ahora prolijamente caminando y me senté en el sillón del propietario, comencé a poner todo en su lugar. Entonces vi la foto.
Estaba engrapada a una hoja de papel blanco A4 escrita a máquina. Pero antes de leer, era imposible no detenerse en la foto.Y aún mirarla un buen rato.La fuerza de la imagen impedía abandonarla para comenzar a leer.
La Diputada. Figura relevante en su provincia. Con proyección nacional. Algún día quizás miembro de una futura fórmula presidencial. Y encima de todo estaba muy pero muy bien para sus cuarenta y largos. Me había tocado entrevistarla un par de veces. Siempre muy documentada en sus intervenciones públicas, consciente en todo momento de su importancia. No descendía al nivel de los mortales fácilmente, ni siquiera de sus colegas del Congreso. En la Tele era invitada frecuente, como referente de un polo que abogaba por la transparencia y la mejora de los métodos de la eterna política criolla. Preocupada por los humildes, pero tranquilizadora para los otros. Siempre elegante, con polleras algo cortas y botas de caña alta. Sobria, cultivando su próxima escala política. Miembro de las 3001 desde tiempo inmemorial, una acción heredada de su padre.
Pero en esta foto no. No parecía nada de eso. Aunque siempre elegante. Se veía el interior de un negocio de ropa y accesorios para mujeres. Esos que están llenos de mercadería donde las mujeres revuelven y encuentran broches para el pelo, cosméticos, relojes, anteojos de sol, portarretratos, artículos importados de marca y buen gusto. Estaba con una malla enteriza, un solero de marca y lucía sus joyas. No miraba la cámara, que la había tomado en el momento en que se metía en el bolsillo algo pequeño. Miraba al costado con aprensión, vigilando que nadie la sorprendiera en ese momento. La foto sin embargo, lo decía todo.
El escrito al cual estaba engrampada la foto era aún más explícito:
“Con fecha 12 de Enero de 2005 sucedió lo siguiente: y narraba los hechos sucintamente.
La dueña del local resultó ser una española a quien poco le importaba quién era el ladrón (tenía negocios de ese tipo en Marbella que explotaba en el verano europeo, y en Diciembre se venía a atender el del Highland).
Munida de la foto que escupió la impresora láser, la gallega interceptó en la caja a la ladrona en ciernes, y llamó a la Policía. Por suerte era el medio día y no había más que otras dos compradoras que fueron rápidamente invitadas a retirarse.
La Senadora había negado pero la hispana rápida e irrespetuosamente le manoteó a Su Majestad en el bolsillo un par de aros de fantasía origen francés, todavía con el precio: 121 $.
Unos 40 dólares vea usted- dijo con un gesto de desprecio la ibérica .- Psss ni 30 Euros.-
Hubo que explicarle, devolverle el objeto, y retirar a la Senadora que en un obvio estado de conmoción se dejó llevar. Se le “sugirió convincentemente” a la comerciante que no divulgara lo acontecido so pena de serle revocado su permiso para el local, como mínimo entre otras posibles sanciones.
Ya en la comisaría se procuró calmar a la Senadora que fue atendida por este Comisario.
Se le aseguró que el asunto no trascendería y no se hicieron preguntas .La alta dignataria se retiró.
El tema se caratula Senadora…. (aquí el nombre) y se archiva en la Carpeta Confidencial XXX Año 2005. Folio Enero 2005.
16 de Enero 2005.”
Evidentemente Giménez Gaitan estaba trabajando en el asunto cuando el teléfono y yo lo interrumpimos. A mi lado, una carpeta de plástico azul bautizada Carpeta Confidencial XXX año 2005 yacía abierta y vacía, lista para recibir lo que parecía ser el primer caso Confidencial? del año. Esto me provocó una gran curiosidad. Soy periodista, soy humano. Me dirigí al archivador vertical, de donde obviamente Giménez Gaitán había sacado la Carpeta Confidencial XXX Año 2005 para estrenarla. Tenía cuatro grandes compartimentos que revisé rápidamente. Todo material burocrático, temas inmobiliarios, turnos de guardias, folletería de cuatriciclos de vigilancia, armas, uniformes. Propuestas comerciales.
Hasta que en el cuarto y último, el inferior las encontré: Carpeta Confidencial XXX Año 2004, Carpeta Confidencial XXX Año 2003, Carpeta Confidencial XXX Año 2002 y así para atrás. Por lo que vi, en ese archivador llegaban a 1981. Quizás sólo guardaban 25 años, o las anteriores estarían en alguna otra parte.
Sabía que no debía hacerlo, pero no tenía mucho tiempo para decidir. No había manera de copiar y retornar, que es el procedimiento standard con información clasificada cuando uno no quiere que el dueño de la misma sepa que perdió el control exclusivo de la información. Las carpetas eran relativamente frondosas, unas 50 o 60 hojas cada una. Tomé 3 años al azar: resultaron ser las de los años 2003,2000 y 1995. Me incorporaba para irme cuando entró el Guardia que antes me había dado el formulario. Me pilló en medio de un gesto equívoco, a medias incorporado, la mirada que sorprendió en mí seguro decía algo culposo. Se me quedó viendo como si fuera a decirme algo, pero calló.
Bueno,-dije- yo ya terminé. Le dejo acá firmado el formulario al Comisario – procedí a firmarlo aparatosamente mientras dejaba caer como al descuido las carpetas que había alcanzado a cubrir con una toalla de playa dentro de mi bolso - y me voy. Dígale que gracias por todo.
El tipo no dijo nada. Su mirada me siguió mientras yo caminaba. Me esforcé por hacerlo con tranquilidad. Sentía sus ojos clavado en mi espalda. Creo que me resguardó el respeto que tienen estos cancerberos por sus dueños, los accionistas. El no podía saber bien cual era mi situación.
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