La ¿decadencia? del Abasto: de las cuchilladas de los guapos a los arañazos de Floggers y Emos

Inodoro Pereyra y Mendieta lo decían clarito: “El problema es que estamos viviendo tiempos muy contemporáneos”.

Si no, ¿cómo entender este devenir, este zigzagueo del calendario que se produce en el barrio porteño del Abasto, sobre pleno corazón de la avenida Corrientes?

Con identidad propia desde fines del 1800, a la vera del “Mercado de Abasto Proveedor”, el barrio fue siempre tierra de arrabal, malevos, guapos y, por supuesto, de tango.

Que Gardel haya andado esos caminos es solo una anécdota más, que lo personalizó. Sin él, el Abasto tal vez ahora tendría menos glamour, pero mantendría las mismas características.

En “El cantor de Buenos Aires”, Enrique Cadícamo, escribió, personificando a Gardel: “Dónde estarán Traverso, el Cordobés y el Noy, el Pardo Augusto, Flores y el "Morocho" Aldao... Así empezó mi vuelo de "Zorzal"...Los guapos del Abasto rimaron mi canción”.

Y, tal vez, en un ejercicio de anticipación creativa, lo terminó con “Muchachos, todo lo ha llevado el almanaque...Todo, todo ya se fue”

Hay muchos más ejemplos parecidos, pero ¿qué vino a cambio de ese ambiente oscuro, de palabras duras y esquinas cerradas?

Floggers”, “Emos”, “cabezas” o “hiphoperos”.

Ahora se les dice “tribus urbanas” como ningún guapo hubiera tolerado hace 100 años.

Tal vez, hubiese sido motivo de tajeada en la cara al grito de “urbana tu hermana”.

Pero no, el barrio parece haber sido copado por estos grupos de adolescentes que, como ocurrió en los últimos días, se comunican por Internet y celulares, se desafían mutuamente por mail o fotologs y se encuentran para dirimir, a los empujones, quién es el más guapo del 2010.

Y así, como antes se medía el valor por la sabiduría en usar un filo de más de 10 centímetros, ahora, lo que valen, son los flequillos, las patillas, o las viseras.

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