La transgresión explicada a los niños

*“Patito feo”, la tira de Ideas del Sur que se emite por Canal 13 en el horario de las 18, busca seducir a niños y adolescentes con un mensaje ciertamente transgresor. ¿Cómo crées que reaccionarán tus hijos?
*Enterate aquí del contenido del programa.

Es llamativo que un producto destinado a niños y adolescentes tenga como eje una invitación a transgredir. Ésa y no otra es la palabra para describir lo que encierra “Patito feo”, la tira producida por Ideas del Sur en sociedad con la empresa mexicana Televisa, que se emite de lunes a viernes, en el horario de las 18, por la pantalla de Canal 13.

“Transgredir” es “quebrar, violar un precepto, ley o estatuto”, según el Diccionario de la Real Academia Española. Y exactamente eso es lo que hace “Patito feo”. Quiebra la ley no escrita de la estética contemporánea e invita a la platea conformada por los más chicos a violar esa misma norma.

Hoy por hoy, el discurso dominante que los medios reproducen con ahínco hasta la saturación se puede resumir en una frase: la belleza física es todo; lo demás es nada. La tira protagonizada por Laura Esquivel  -la niña que debutó en TV como participante de “30 segundos de fama kids”, el segmento de “Showmatch”-  rema contra la corriente que postula al atractivo de los cuerpos como el valor supremo.

Sus autores, Mario Schjaris y Marcela Citterio se valen del antagonismo que surge en una escuela secundaria entre el grupo de “Las Divinas” y el de “Las Populares” para echar luz sobre la otra cara de la belleza: la que no se compra en un quirófano ni se vende en las tiendas del universo fashion. Y, decididos a transgredir, van todavía más lejos y patean el mito más arraigado en las mujeres y mujercitas del siglo XXI: que a los hombres se los conquista con el arma de una apariencia sexy y con ninguna otra.

        A contramarcha de esa falacia compartida, Patito (Laura Esquivel) aprenderá a llegar al corazón del chico de sus sueños en base a otros encantos: la fuerza irresistible de una alegría genuina, sus dotes para el baile y el canto, los sueños y los proyectos compartidos, la ternura, la capacidad de asombro, el deseo de arrebatarle a la vida todas las cosas buenas que ella tenga para ofrecer.

     Uno diría que el mensaje no es más que el ABC de las pautas con las que cualquier padre racional busca educar a su prole. Pero si lo pensamos en el contexto de los tiempos que corren, pasa a ser una transgresión hecha y derecha. Pensalo así: en una época, cuando las chicas cumplían 15, las familias que disponían de cierto bienestar económico les planteaban una elección: la fiesta o el viaje. Ahora, los términos de esa opción se tornaron quirúrgicos: las lolas o la nariz.

Y los varones a los que esas adolescentes buscan enamorar las miden con el centímetro improbable de las vedettes tamizadas por el fotoshop. Y llegado el momento de halagarlas, lo hacen en términos zoológicos: potra, yegua, perra.

A juzgar por los primeros días al aire, el rating le sonríe a “Patito feo”. Eso habla en todo caso de la calidad del producto televisivo. Pero la planilla de mediciones no es el instrumento adecuado para conocer qué piensa el público sobre los contenidos del programa que ha visto. ¿Qué piensan tus hijos, por ejemplo, sobre la invitación que les hace la tira a conocer de los demás lo que no pasa por la piel?  ¿Crées que querrán sumarse al rico y divertido mundo de “Las Populares” del colegio que preferirán integrarse a las huestes de “Las Divinas” y levantar con ellas el estandarte de la ropa de marca, el peinadito fashion y la ideología del glamour?

 En lo que respecta al mensaje, las buenas intenciones de “Patito feo” están fuera de discusión. Claro que, visto con los ojos de los chicos y los adolescentes que tantas horas pasan frente al televisor, habrá que preguntarse si no lo tomarán como una gota de sensatez en el enrarecido mar de la televisión globalizada, tan devota ella de la belleza siliconada y del deseo concentrado en los cuerpos tallados a golpe de cuchillo.

Es de desear que del otro lado de la pantalla la prédica de “Patito feo” encuentre en los padres y en la escuela una caja de resonancia. Creo que ése es el único reaseguro de que su voz no suene como la de un profeta en el desierto.

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