LA ÚLTIMA CARTA DEL ZAR

*Nicolás II escribió una carta mientras estuvo aislado en un convento de Siberia.
*Habla de Rasputín y culpa a sus ministros por haberlo mostrado como un Emperador tirano y cruel.

Télam
Por Télam
En la carta que escribió durante su confinamiento en un convento de Siberia poco después de su derrocamiento, y que fue publicada por la revista "Pacífico Magazine" en marzo de 1918, dos meses antes de su fusilamiento, el zar Nicolás II se hizo cargo de sus propios errores y de los cometidos por sus ministros.

"Un monarca se halla completamente apartado de las relaciones con su pueblo si no las tiene por medio de los ministros en quienes deposita su confianza. Y mientras mayor sea la que deposita en ellos, menos llega a saber lo que está pasando entre sus súbditos", advirtió.

"Cierto es que tal monarca puede leer publicaciones, pero los periódicos de nuestra tierra rara vez expresan la opinión popular (...)  Si de mí hubiese dependido, habría abdicado mi derecho al trono antes de subir a él. Si hubiese tenido suficiente talento para ganar la vida para mi familia, creo, quizá, que habría tenido suficiente fuerza de voluntad para buscarme una profesión menos desagradable (...)", escribió.

Tras admitir que "en vez de ser designado rey de los Comunes me vi obligado a tomar el horrible título de "el Emperador y Autócrata" y mi nombre se hizo sinónimo de tiranía, crueldad y brutalidad, odioso para mi propia alma (...)", Nicolás II disculpó al nuevo gobierno: "No me comprendieron; no les puedo culpar. Me conocían por mis ministros y éstos jamás me hicieron conocer tal cual soy", escribió.

También le dedicó unos párrafos a Rasputín, el "monje loco" que escandalizó a la corte y bajo cuya influencia gobernó la zarina cuando Nicolás II fue al frente a luchar contra los alemanes.

Tras decir que su esposa es "mujer de alma tierna y bellísima" Nicolás II argumentó que "fueron mis parientes reales los inventores del mito de ciertos sacerdotes de mala fama".

"Juro por mi más sagrado honor que jamás permití que el tal Rasputín se presentase ante mí. La historia de este sacerdote y de sus pretendidas visitas a palacio que aparecen publicadas en nuestro periódicos rusos, me afligen profundamente y más aún a mi esposa", aseguró.

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