Las diez golosinas retro favoritas de los adultos argentinos
Las comías en la escuela y hoy tienen un lugar reservado en los cajones de la oficina. Entrá y mirá nuestra lista.
No sólo son buenos y dulces recuerdos. Algunas de las golosinas de la infancia, para los que hoy tienen más de 30 años, siguen ahí, en los kioscos. Y aunque el tiempo pase, todavía tienen su público fiel. Planeta JOY recopiló las diez golosinas que hay probar viajar a décadas pasadas. Agregá la tuya.
1. Cabsha
¿Qué importa pegotearse los dedos abriendo el embadurnado doblez de papel metalizado? ¿Cuánto más importa que la dichosa golosina dure lo que un bocado, a lo sumo dos? Los instantes en que trituramos ese tierno bizcocho, mientras el dulce de leche, apenas rociado de licor, se derrama por las papilas gustativas, provocan un placer exultante. Y perdurable. Para muchos, fue el primer “touch licoroso” de sus vidas.
Ya sea en su cajita de doce unidades, o en las pequeñas de dos, lo irresistible de Chiclet’s Adams era sacudirlos y sentir las coberturas acarameladas golpeteando cual bolas de billar. Masticarlos sin ese paso previo era una picardía. Un dato: Thomas Adams, fundador de la empresa, fue el primero en comercializar chicles allá por 1870, y en 1888 inventó la primera máquina de expendio automático. Actualmente, la marca es comercializada por Cadbury.
Ya lo dice el lema: es “el nombre del alfajor”. Y en el año de su cincuentenario, la fórmula sigue siendo (aunque el paladar no tenga memoria exacta) inalterable. Los clásicos son los de chocolate, con una cobertura especialmente generosa en los bordes; pero la alternativa del de dulce de leche, con deliciosas placas de azúcar impalpable que se desploman al abrir el paquete, permanece única e inigualable.
Gran parte de la cultura pop más naif pasó oculta cual polizonte por estos mini cajoncitos de chocolate: de los titanes de Martín Karadagián a la familia Simpson, de Súper Hijitus a los súper héroes de Marvel y DC. El chocolate sería lo anecdótico. De chico, se los compraba por sus “muñequitos”; de grande, por esos deliciosos, si bien escasos, bordes de chocolate con leche.
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