Las preguntas que plantea la crisis por la valija de Antonini Wilson
*La difícil frontera entre los vicios imperiales norteamericanos y la vieja treta de los demagogos de culpar a los Estados Unidos de todos los males.
Antonini wilson
Por Claudio Fantini
Por ejemplo, el fracaso económico de Mahmud Ahmedinejad incrementa el tono beligerante de sus explosivos discursos, porque de ese modo cohibe al crítico de criticar y al disidente de disentir. Cuando un gigante amenaza a una nación, quien no se encolumna tras el liderazgo es un “traidor”.
Por eso, tan visible como las tropelías militaristas y los estropicios causados por el unilateralismo de la actual administración, así como de gobiernos anteriores que también actuaron con prepotencias imperiales, es la vil artimaña de acusar al cuco norteamericano cada vez que un gobernante demagogo, o corrupto, o tiránico o simplemente inepto para mejorar la vida de sus ciudadanos, necesita desviar la atención de algo, o poner fin a las críticas creando la atmósfera que erradica toda disidencia y oposición.
Nada más efectivo que agigantar una amenaza externa para lograr la unificación y la disciplina interna. También lo hizo Bush, el presidente norteamericano más demagogo, maniqueo y parecido a los caudillos latinoamericanos, agigantando la dimensión de la amenaza que para Estados Unidos representa Osama Bin Laden.
Los demócratas y la prensa guardaron silencio, cohibiéndose de criticar y cuestionar en tiempos de amenaza exterior, dejando las manos libres al equipo de extremistas que capitaneó el vicepresidente Dick Cheney.
Fidel Castro no miente cuando denuncia conspiraciones y sabotajes de todos los colores urdidos desde Washington, pero de paso justifica los muchos fracasos de su régimen adjudicándolos a complots norteamericanos.
Por eso casos como el misterioso maletín de Antonini Wilson deben plantear un listado de preguntas, que incluye a las siguientes:
-¿Es la Justicia norteamericana independiente en todos sus actos del Poder Ejecutivo?
Muchos hechos ponen en duda semejante afirmación. Al menos existe una lucha por esa independencia, consecuencia de la cual, por ejemplo, recientemente tuvo que renunciar el secretario de Justicia de Bush, Alberto González, por haber manipulado fiscales.
-¿Busca Estados Unidos aislar al gobierno venezolano?
Sin lugar a dudas.
-¿Castiga Washington a todos los que no se someten a sus designios?
No en todos los casos. Por ejemplo, Chile y México votaron en la ONU contra la invasión de Irak, a pesar de la presión norteamericana. Y no hubo represalias.
-¿Debe el gobierno argentino distanciarse de Chávez por presión norteamericana?
No, porque sería desleal con un líder que respondió cada vez que desde Buenos Aires se le solicitó ayuda.
Los conservadores que recomiendan tales actitudes debieran recordar a Margaret Thatchert siendo consecuente en su respaldo a Pinochet por la colaboración del ex dictador con las fuerzas británicas en la guerra de Malvinas.
-¿Realmente lo que trascendió en la Fiscalía norteamericana pone a la Argentina a elegir entre Estados Unidos y Venezuela?
No está claro que sea de ese modo. Muchos otros países de la región tienen una relación cordial y hasta intensa con el gobierno de Chávez, sin sufrir consecuencias por ello.
_Entonces, ¿es correcta la reacción que está teniendo el matrimonio presidencial?
Es posible que más lógica hubiera sido una severa gestión diplomática, porque los discursos públicos estridentes suelen corresponderse con sobreactuaciones para encubrir algo.
Debiera cuidarse el gobierno argentino, no sólo de no actuar como esos gobiernos vasallos que reptan por los senderos que les señala el imperio, sino también de no parecerse a esos demagogos y déspotas que siempre están denunciando conspiraciones norteamericanas para ocultar fracasos o para encubrir tropelías.
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