Lo mejor y lo peor de las nuevas cadenas de cafeterías
Café Martínez, Starbucks, Coffee Store, entre otras, ya tienen varios locales. En esta nota, el detalle de cada comercio.
Cafeteria joy
Las cadenas de café invaden la Ciudad y se convierten en marca registrada. Planeta JOY te ofrece la guía indispensable para saber en dónde tomar un rico café, de acuerdo con tus preferecias.
Aroma Café es un milagro, un verdadero milagro. Porque si bien el café es malo, la pastelería no es casera sino pre-congelada (General Mills, Delicity), la ambientación y los muebles son iguales a los de la estación de servicio YPF de los años 90, los sándwiches son envasados, la atención es una de las peores del mundo (es como un fast food, sólo que las cajeras en vez de sonreír se pelean entre ellas) y los precios son un escándalo, todavía sigue abierto y funcionando. ¿La razón? Buena ubicación de los locales (en gimnasios, esquinas súper concurridas y tramos de avenidas en los que no hay nada más) y una gráfica impactante en las vidrieras. No se dejen engañar por las gigantografías de frapuccinos y los sándwiches photoshopeados, que nada tienen que ver a los que venden adentro, en el mostrador. Es muy útil para pedir usar el baño o para pedir un vaso de agua, pero nada más.
Miren lo que voy a decir: ni la pastelería, especialmente las tortas, ni el café es tan malo como uno puede suponer desde afuera. De hecho, las tortas son bastante buenas y el proveedor de facturas es General Mills (¡Delicity disfrazado, de nuevo!), lo que para una cadena de fast food, es un plus. El problema es la atención (las mesas están siempre sucias, muchas veces te las tenés que limpiar vos mismo), la cantidad de gente que entra y sale, lo incómodo del mobiliario (empezaron con réplicas de sillones de Philip Starck en madera de caoba curvada y terminaron con sillas de caño más ruines que las que venden en Flores, sobre Avenida Rivadavia), y la proximidad del mostrador de hamburguesas lleno de adolescentes con granos. Pero hay que decir la verdad: es una buena opción si vas con chicos que pueden irse a los juegos o quieren comprarse unas papas fritas mientras lees el diario tranquilo. Y además tienen WIFI, que casi siempre anda. Nada mal.
Es injusto juzgar a Bonafide como una cafetería cuando en realidad es una tienda o un despacho de café y golosinas que tiene algunas mesas casi siempre olvidadas y mal atendidas. Aunque no es de mis preferidos, no se puede decir que el café sea malo (para mí es demasiado suave y el que no lo es, es ácido y tiene azúcar), pero tampoco hay mucho más que agregar. El resto de las cosas —las pocas que hay— son regulares y como entra y sale gente durante todo el día a comprar caramelos y a moler café es bastante ruidoso y concurrido. Sin embargo, Bonafide tiene un público PAMI cautivo muy fiel a sus golosinas y a sus caramelos, que lo sigue eligiendo con todos sus aciertos y errores. ¿Lo mejor? Sus caramelos duros de naranja y de huevo cubiertos en chocolate amargo. El café, yo lo tomaría en otros lados. Pero veremos qué digo cuando cumpla 70 años.
La pastelería es aceptable, el café es bueno, y tiene productos de chocolate muy ricos para acompañarlo. Es la mejor opción para un shopping en el que sólo hay un patio de comidas. Quizás lo peor sea la atención (no sé si le pagan poco a las mozas y por eso son tan poco eficientes y desinteresadas, pero me han atendido consistentemente mal en las dos sucursales de Caballito, el centro, Tigre y Belgrano), el wifi (tienen un sistema espantoso que atrasa diez años por el que hay que pedir una tarjeta con la consumición y cuando es libre, hay que loguearse en la página de vex.com) y la comida. Se puede almorzar (hay sándwiches, ensaladas y tartas) pero todo es muy malo y no está cortado ni hecho en el momento, aunque lo nieguen. ¿Conclusión? Sí: para un café en el shopping, porque siempre están en el lugar correcto. No: para almorzar ni para trabajar. Probablemente Internet no funcione y las mozas hayan puesto Luis Miguel al palo y no quieran bajar el volumen.
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