“Los techos bajos destruyen la pareja”

EFE
Por EFE

Pocas afirmaciones públicas hechas por mí han generado tanta controversia como ésta. La reacción, desmedida e incluso violenta en ocasiones, es curiosa o, por lo menos, apresurada, ya que bastaría con que cada uno de los detractores de lo que he dicho (sobre la base de pruebas que a continuación detallaré) se tomaran el trabajo de revelar las realidades que lo circundan para comprobar su irrefutable corroboración.


 


Negar la relación entre la altura de l techo y la suerte de un matrimonio es ser, por lo menos, necio, si no negador o directamente mentiroso. Es también una actitud muy “argentina” ésta de rechazar una idea o un concepto innovador cuando no se tiene voluntad de, por lo menos, tomarse el trabajo de examinar la teoría antes de descalificarla sin, ni siquiera, aportar un dato a lo que se tilda de capricho u ocurrencia desvariada. Para todos los ignorantes que critican sin investigar y, por supuesto, para los curiosos que ávidos de novedades buscan ilustrase, desarrollo a continuación la explicación científico-universitaria de por qué los techos bajos destruyen a la pareja mejor constituida.


 


Como primera medida, presentaré al ideólogo primario de la idea: se trata de Mario Botta, uno de los arquitectos más prestigiosos y famosos del mundo (algunos ya lo comparan con Le Corbusier y hay quienes dicen que lo ha superado en audacia y aporte para el futuro de la arquitectura).


 


Presentadas sus credenciales profesionales, continuaré mi exposición relatando que Botta, interesado en el “resultado vivo” de sus creaciones, organizó un seminario con un equipo de etólogos (estudiosos del comportamiento humano) e, intercambiando sus teorías y relevamientos, llegó a la conclusión de que la altura de los techos de las modernas construcciones masivas tenía relación directa con la suerte de las parejas que habitaban esas viviendas.


 


Las razones de la compleja relación techo-amor esgrimidas por el italiano fueron interesantes, varias y absolutamente lógicas:


 



  1. Pérdida del respeto antropológico

Al “encuchar” a las personas en espacios reducidos, inevitablemente se producirá un malestar que derivará en una competencia por lo más escaso, o sea, el espacio. En este caso, la contienda será entre las dos personas que se disputan los pocos metros de la vivienda (léase hombres versus mujeres).


 



  1. Efecto “cielo en picada”

Nada hay más aterrador y desestabilizador para un humano que las sensaciones de que el suelo puede abrirse a su paso o de que, por el contrario, el cielo puede desmoronarse sobre su cabeza, pánico que se hace realidad en el caso del techo bajo (según complejos estudios se llegó a la taxativa conclusión de que el hombre necesita, como mínimo, el doble de su altura sobre su cabeza para no sentirse aprisionado). Efecto inmediato de “ensanguchamiento humano” entre “panes de cemento” es la tendencia instintiva a huir del hogar.


 



  1. enrarecimiento ambiental

Poco aire equivale a asfixia. Una persona con dificultades para respirar o con pulmones cargados de oxígeno de mala calidad no tiene ninguna posibilidad de relacionarse de manera amorosa con otra. Embotados y malhumorados, lso miembros de la pareja tenderán a mantener relaciones sexuales cada vez más espaciadas en el tiempo con la consecuente propensión al malhumor y a la desconexión entre ellos.


 


Enfrascada en un ambiente hostil, resulta naif pretender que una relación amorosa perdure en el tiempo. Un cuarto matrimonial (en el que suelen ubicarse despertadores, pastillas para dormir, agendas y, según los casos, un baby call o una radio) presenta, de entrada, símbolos que remiten a la esclavitud del tiempo, las obligaciones familiares y el trabajo, elementos que engendran rencor y malestar (que se multiplican en el caso del hombre quien, tal como se relata en la Teoría del no-lugar, no cuenta ni con medio metro cuadrado de la casa para acomodar sus cosas).


 


La reducción de los espacios vitales donde llevar una saludable vida en común es uno de los mayores atentados contra la convivencia. Tomar conciencia de esta realidad y aceptarla como tal es un buen comienzo para evitar seguras frustraciones sentimentales.

Dejá tu comentario