Parece una crónica repetida, pero no lo es. Otra vez, una embarazada baleada en un asalto. Otra vez, una embarazada que pierde su hijo por una delincuencia feroz. Esta vez, fue en Berisso. La otra vez fue en La Plata. Esta vez, la víctima fue María Vidal Borda. Antes, fue Carolina Piparo.
A las dos les arruinaron la vida. En el caso de Borda todavía lucha por vivir. En el caso de Piparo, tuvo otro hijo, y ya enfrentó el juicio contra los asesinos de su hijo Isidro. Cinco de los integrantes de la banda que la arruinaron, terminaron condenados a perpetua. El sexto acusado, Carlos Burgos, salió absuelto del caso, pero lo increíble es que durante dos años lo tuvieron preso e imputado como autor material de un delito que ni siquiera había cometido. Ahora, terminó preso por otro robo.
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En el caso de Borda, hay gente sospechosa, entre ellos, un joven de 20 años que fue capturado cuando pretendía esconderse en un colegio.
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También en el caso de Borda, se trató de un asalto. A diferencia del caso Piparo, donde se trató de una salidera bancaria, en lo ocurrido en Berisso se trató de delincuentes que robaron en una verdulería de la víctima. Ella no se resistió y entregó los pocos pesos que tenía en su local. La balearon igual.
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Como en el caso Piparo, los ladrones sabían que tenían como víctima a una mujer embarazada y no les importó. Fueron feroces y perversos. Fueron crueles por ser crueles. Ahora los espera la cárcel.
En la jerga tumbera, los llaman "matabebés", un delito que ni el código del hampa se anima a perdonar.
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