Es cierto. Jorge Mangeri declaró, pero lo hizo a medias. Habló de los aprietes policiales, denunció que le armaron la causa y hasta mencionó al juez como parte del supuesto complot. Cuando lo invitaron a contestar preguntas, dijo: no. Y ese "no" tiene una lectura posible.
Da la sensación que Mangeri fue a tribunales con el libreto de su defensa, y da la sensación que cualquier pregunta que le hubiese incomodado, podía hacer tambalear su relato. Algo así como: "si contesta preguntas la embarra", dijo una fuente judicial.
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Lo concreto es que por ahora la indagatoria no cambió nada lo que ya se sabía. Mangeri insiste con denunciar que se incriminó en esta historia por presiones tanto policiales como judiciales.
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La pelea de fondo de la causa está puesta en el 29 de agosto. Ese día la Cámara del Crimen deberá decidir si la causa es nula. Si los camaristas entendieran que la testimonial del portero que derivó en su autoincriminación es nula, todo el resto de la causa caería. Es lo que se llama la "teoría del fruto envenenado". Es decir si algo nace mal, todo lo que viene después cae.
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En este caso sería, si la testimonial fue en realidad una indagatoria encubierta, todos los actos posteriores como detenerlo y sacarle sangre, son inválidos. Y hablando de la sangre, la defensa intenta derribar la prueba genética, porque caído el ADN los demás indicios no tendrían sentido.
Para que no lo tilden de direccionar la causa, el juez mandó a reperitar las uñas. Corre el riesgo de que ahora no encuentren ADN de Mangeri en esa prueba. El juez podrá defenderse argumentando que las uñas se contaminaron por el paso del tiempo. Y la defensa intentará sumar más elementos para insistir con la rueda plantada. Final abierto.
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