Yo digo no a los linchamientos. Digo no, a la mal llamada justicia por mano propia. Aquel que de modo cobarde rodea a un ladrón y lo patea hasta matarlo, oculto entre una "jauría" humana, es un homicida más. Se convierte en segundos en aquello que dice detestar. Pasa de ser víctima o testigo, a homicida, un salto con caída libre. Muchos argumentan que los linchamientos ocurren por culpa de un Estado ausente. Señalan que las palizas criminales se dan porque nadie atrapa a los ladrones, y si los atrapan, la justicia los libera.
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Vamos a conceder que eso puede ser cierto, pero no justifica nada.
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En todo caso, si un vecino participa de la captura de un ladrón, su deber, no es matarlo, sino entregarlo a las autoridades.
A los que matan a un asaltante en el medio de un ataque "sacado", pueden recibir penas, en el menor de los casos, de hasta 6 años de cárcel, y en el peor, perpetua, homicidio calificado. Lo que está claro es que estos linchamientos son el reflejo de una sociedad enloquecida, que de a ratos pierde su conducta humana, para parecer animal.
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