Desde una prisión de Jalisco fundó su negocio y hoy es un millonario empresario del mundo de la moda
Jorge Cueto es el fundador del proyecto “Arte Carcelario” en 2012, mientras se encontraba privado de su libertad.
Desde una prisión de Jalisco fundó su negocio y hoy es un millonario empresario del mundo de la moda.
El deseo de emprender puede tener muchos obstáculos, algunos de ellos incluso parecen insuperables. Sin embargo, cuando la voluntad prevalece, el éxito está cada vez más cerca. Un claro ejemplo es la historia de Jorge Cueto quien fue condenado a 11 meses de prisión en el penal de Puente Grande, Jalisco. Allí sentó las bases de su negocio Arte Carcelario o más conocido como Prison Art.
Según indica su sitio web oficial, el Proyecto de Arte Carcelario (ONG) se fundó en 2012 siguiendo el sueño de su fundador, Jorge Cueto, de crear un amplio programa de rehabilitación en penitenciarías mexicanas. La fundación desarrolló un plan de capacitación que ofrece las habilidades artísticas y de diseño necesarias para que las personas encarceladas puedan emplearse en la producción de productos de moda de alta calidad. “Decidimos desarrollar el proyecto basándonos en el tatuaje y creamos una máquina que, en lugar de tatuar el cuerpo humano, pudiera tatuar cuero y producir bolsos únicos y artísticos”, explicó.
La marca vende productos de cuero decorados con tatuajes únicos, diseñados y realizados por reclusos y exreclusos. Por otro lado, el Proyecto Arte Carcelario, una organización paralela sin fines de lucro, busca instruir y emplear a personas encarceladas mientras cumplen sus condenas.
Así nació Prison Art, el millonario negocio de Jorge Cueto en Jalisco
Mientras Jorge Cueto cumplia su condena en la prisión de Jalisco, pudo observar la situación del resto de los reclusos y la suya, ya que no podían generar ingresos para ayudar a sus familias.
En este contexto, comprendieron las dificultades de reincorporarse en el mercado laboral ya que sus antecedentes penales, resultan un gran barrera para obtener un empleo formal. Por ello, Jorge decidió emprender su propio negocio, en prisión.
El fundador de la empresa fusionó las habilidades de dibujo y tatuajes de algunos prisioneros, con la ambición de la marca de producir artículos hechos a mano con un valor agregado que fuera altamente valorado por su singularidad e impacto social. Prison Art ha permitido a las personas en prisión dedicar toda su energía creativa y capacidad artística a la creación de artículos de uso diario que diseñan, dibujan y tatúan.
Pasado los 11 meses de su condena, Jorge pudo desarrollar su emprendimiento, creando una red de trabajadores con más de 200 “beneficiarios de los cuales 42 están en libertad trabajando en nuestras oficinas y talleres; el resto aún están privados de su libertad”.
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