Sin cataclismos, epifanías ni estridencias, la humanidad celebró el solsticio y ¿sobrevivió? a la profecía del pueblo maya.
Los descendientes de los mayas estuvieron en Chichén Itzá
Algunos "aliens" se hicieron presentes en Francia
Los aliens posaron para los paparazzi
Evo Morales formó parte de la celebración en Bolivia
Muchas veces ocurre que las metas planeadas para un año se ven postergadas para el siguiente, pero el colmo de una situación así es el de la profecía maya que presagiaba el fin del mundo para este viernes 21 de diciembre, cosa que evidentemente no ocurrió.
Según el calendario maya, el mundo tal como lo conocemos debería haber terminado a la medianoche de este viernes, y con ese motivo se organizaron vigilias y celebraciones en todo el mundo, pero particularmente en puntos energéticos, como el Pic Bugarach, en Francia, o el cerro Uritorco de Córdoba.
Pero sólo porque no se hayan producido cataclismos, tsunamis, terremotos u otros fenómenos ambientales no significa que la fecha no valga la pena ser conmemorada, al menos de manera simbólica por los pueblos descendientes de los mayas y por aquellas personas que le asignaron al día una carga energética.
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Así fue que unas 250 personas se reunieron en la localidad francesa de Bugarach para festejar el frustrado "fin del mundo" ante la atenta mirada de 244 periodistas, que sobreestimaron el tamaño de la celebración y se dedicaron a documentar las andanzas de "aliens" chistosos y artesanos.
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Los escasos asistentes aseguraron que el término "apocalispsis" no debe ser tomado de manera literal: "Se trata de una regeneración, ahora vamos a vivir todos en paz y armonía", señaló Sylvain Durif, uno de los habitantes de Bugarach.
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Horas más tarde, en las ruinas de Chichén Itzá, ubicadas en la península mesicana del Yucatán, México, los descendientes del pueblo maya celebraron el 13 B'aktun, el final de una era solar que duró más de 5200 años.
También hubo celebraciones en el Altiplano, con una ceremonia en Bolivia donde participó el presidente Evo Morales. Pero en este caso se trató del rito para marcar el solsticio de verano, el día más largo del año, el primero en la nueva estación.
Igual fue el caso de los paganos que se reunieron en las ruinas misteriosas de Stonehenge, en Gran Bretaña, donde los druidas oficiaron ceremonias para recibir Samain, el día más corto del año, el primero del invierno, un día cargado de emotividad por ser considerado un puente entre los vivos y los muertos.
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