El museo del horror: se exhiben desde asesinos ejecutados hasta fetos con malformaciones
*Atención: las imágenes pueden afectar la sensibilidad del lector.
Tailandia feto
Por EFE
Este "Hannibal Lecter" se alimentaba de personas "porque amaba comer órganos de humanos, no porque tuviera hambre", ilustra un texto explicativo.
"Mi novia me habló de este lugar y, después de varios días visitando templos, nos decidimos a venir", prosigue el joven, quien admite que no es capaz de mantener la mirada ante algunos de los fetos y órganos expuestos.
Concebido para la instrucción de jóvenes médicos, el museo está dividido en seis partes dedicadas a patologías, medicina forense, parasitología, anatomía, historia de la ciencia tailandesa y prehistoria.
En el museo forense se exhiben objetos y fotografías tétricas de homicidios, suicidios y accidentes mortales, así como calaveras, huesos, esqueletos y órganos diseccionados, que fueron testigos de trágicas historias.
Los objetos más venerados son los instrumentos médicos con los que se realizó la autopsia al monarca Ananda Mahidol o Rama VIII, hermano del actual rey Rama XIX, que murió en 1946 a causa de un disparo en circunstancias que todavía no han sido esclarecidas.
Algunos visitantes quedan absortos, otros quiebran muecas de espanto y los más pequeños lloran ante los fetos bicéfalos o deformes de expresión inocente.
La sección dedicada a la parasitología recrea los perniciosos efectos de la "elephantiasis", que se manifiesta en el agigantamiento de partes del cuerpo humano, tal como mostró el director David Lynch en su película "El Hombre Elefante".
El Museo Anatómico Congdon, en honor del doctor Edgar Davidson Congdon, incluye una muestra de la disección a cuerpo completo del sistema nervioso, el arterial y de los músculos, entre utensilios médicos y estanterías repletas de objetos de laboratorio y frascos que recuerdan a los experimentos del doctor Menguele.
"A mi no me parece terrorífico, yo he traído a mis hijos para que aprendan sobre medicina y parasitología. Hay también un espacio especial dedicado a los tsunamis", asegura Arkorn Rodkantook, un tailandés de 37 años que ha visitado el museo junto con su mujer y sus dos hijos adolescentes.
"Con toda la sangre y violencia que hay en la televisión y en el cine, los cadáveres de aquí no deberían asustar a nadie", subraya.
Por 40 bat (poco más de un euro o 1,34 dólares) que cuesta la entrada, los turistas y curiosos vivirán una experiencia difícil de olvidar al descubrir lo qué se oculta tras la naturaleza humana.
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