La elección más cara de la historia estadounidense
El dinero utilizado por Obama y Romney en su carrera presidencial ya marca récords en los Estados Unidos.
Así, y según las cifras divulgadas en Washington por la Comisión Federal Electoral (FEC), la campaña de Obama había recaudado hasta el 17 de octubre 556 millones de dólares, mientras que la de Romney había obtenido 340 millones, lo que totaliza 896 millones de dólares.
Si bien este año las campañas oficiales no parece que vayan a superar esa cifra, entre los partidos políticos propiamente dichos, sindicatos, empresas y otras organizaciones (como los "superPACs"), han recaudado hasta ahora otros 1.003 millones de dólares, según las últimas cifras.
Si se suma el dinero destinado a las campañas para la renovación de la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, elecciones a gobernadores y el gastado por otros grupos independientes, el total de los comicios podría rondar los 6.000 millones, según el "Center for Responsive Politics", una entidad independiente que estudia la financiación de la política en EE.UU.
Los "superPAC" son unas entidades surgidas tras una controvertida decisión que tomó en 2010 el Tribunal Supremo, en la que aprobó la creación de organizaciones que pueden captar cantidades de dinero ilimitadas de personas y empresas para canalizarlas a objetivos políticos.
Si bien estos son en teoría independientes de las campañas de cada candidato, algunos de ellos son únicamente apéndices suyos, y los más próximos a Obama y Romney están dirigidos por personas ligadas a ellos, por lo que en la práctica son "brazos en la sombra" de las campañas, según afirma Skaggs.
A favor de Obama hay ocho "superPAC" y cinco en contra, mientras que Romney tiene once en su favor y siete que se movilizan contra él.
Las actuales normas establecen que una persona, empresa o entidad puede aportar un máximo de 2.500 dólares por candidato y elección, pero la sentencia de 2010 rompió definitivamente los esquemas al permitir las aportaciones ilimitadas para apoyar causas políticas no relacionadas directamente con las campañas.
Así, millonarios, grandes empresas, sindicatos y simples ciudadanos se han lanzado en los últimos años a una vorágine de gastos en defensa de sus puntos de vista, con lo que esperan ayudar a sus candidatos preferidos e influir en la adopción de medidas que les afectan o interesan.
Los dos grandes partidos, el Republicano y el Demócrata, han destinado hasta ahora 203 millones de dólares a la elección presidencial, mientras que empresas, sindicatos, individuos o entidades varias han gastado 310 millones.
Pero la palma se la llevan los "superPAC", con 490 millones de dólares, lo que lleva el total de dinero gastado hasta ahora por entidades externas a las campañas propiamente dichas a los citados 1.003 millones de dólares.
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