Un triunfo de Chávez, mantendrá el statu quo, según el analista. En caso de una derrota, el mandatario podría no reconocer el triunfo opositor.
El fracaso de López Obrador en las dos últimas elecciones mexicanas y el giro hacia el pragamatismo de Ollanta Humala, alejándose de Hugo Chávez y acercándose el modelo brasileño, mostraron los límites a la expansión política regional del modelo venezolano. Hace ya cinco años, que su impulso se vio frenado, tras sucesivos triunfos en las elecciones de Bolivia, Ecuador y Nicaragua.
Un triunfo de Chávez, mantiene el statu quo. Evita un retroceso de la Alianza Bolivariana de las Américas (ALBA), pero no implica su avance.
En cambio una derrota, deja a este grupo de países sin el apoyo económico de Venezuela y sin el apoyo político venezolano. Es que Venezuela es la economía más importante del ALBA. Altera el statu quo y en contra de esta corriente política regional.
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Pero los escenarios suelen ser más complejos.
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Un triunfo de Chávez no resuelve el interrogante que plantea su salud, al iniciar un nuevo período presidencial de siete años. La sucesión sigue siendo un problema político no resuelto para el chavismo.
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En caso de una derrota, reiteradamente el Presidente venezolano ha dicho de que en caso de darse, el país sufrirá una guerra civil, porque sus partidarios no aceptarán que un gobierno opositor les quite los planes sociales otorgados por el chavismo. Esto implica que puede no reconocer el triunfo opositor.
Puesto en este marco, Venezuela enfrenta un escenario político complejo y con interrogantes, lo que inevitablemente se proyectan a la región.
Rosendo Fraga Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría
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