El flamante presidente griego, perteneciente a la coalición de izquierda Syriza, inició un proceso de anuncios de impacto para recuperar el apoyo popular, pilotear la inmensa crisis y el vínculo con Europa: no más autos, transporte público para funcionarios y nada de corbatas.
Grecia enfrenta un crudo panorama: lleva casi seis años sumidos en una crisis galopante que ha ocasionado eclosiones sociales, levantamientos populares, renuncias de mandatarios y, finalmente, la llegada al poder de una coalición de izquierda que, al comienzo de la crisis, contaba solo con el 4% del apoyo en las urnas.
Alexis Tsipras, el ganador en las urnas y que, tras una concesión a la ultraderecha, llegó al poder, comenzó un plan de recuperación de la economía griega en base a tres pilares: gestos de austeridad, recuperación de la masa empobrecida y la suplica a Europa para que condone una porción de deuda.
Lo primero fue un anuncio de que subiría el salario mínimo hasta los 750 euros y que trataría de reincorporar a la mayor parte de los desplazados de la administración pública, así como invertir 5000 millones de euros en dotar de energía gratuita y subsidios a sectores mas pobres.
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Lo que se hizo realidad fue el gesto de humildad: anunció la venta de toda la planta automotriz oficial y dijo que los funcionarios viajarán en sus propios autos o en transporte público. Entre los vehículos en venta hay un BMW Serie 7 blindado contra bombas que cuesta cerca de 750 mil euros.
Además, dispuso que todos los funcionarios viajen en avión -cuando deban hacerlo- solo en clase económica. A esos gestos les suma su ya tradicional vestimenta informal, sin corbata.
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Incluso en un reciente encuentro con el primer ministro italiano, Mateo Renzi, recibió un regalo y un mensaje: Renzi le obsequió una corbata, entre risas, y le pidió que la usara cuando Grecia saliera de la crisis. Tsipras agrdeció y dijo que así sería, pero que -antes- debían salir de la difícil situación.
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Pese a los gestos simpáticos y la buena voluntad, los primeros reveses para Tsipras vinieron de parte de Europa. Alemania recrudeció su política contra Grecia y exige que cesen los pedidos por su deuda, mientras que Francois Hollande (Francia) y el propio Renzi recordaron a Tsipras que lo ayudarán y bogarán por su país, pero que deberá cumplir con sus compromisos continentales.
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