Descubren las muertes más ridículas de la historia
Fueron inventores, eruditos y revolucionarios, pero no tuvieron una partida muy decorosa de este mundo.
Cualquiera es capaz de nombrar a los tres astronautas que pisaron por primera vez la Luna pero, ¿quién recuerda a los que murieron en el simulador de la NASA que se prendió fuego en 1967? Gus Grissom, Ed White y Roger B. Chaffee fallecieron dentro de una cápsula del Apolo I que se incendió y los ahogó por falta de oxígeno (sus escafandras ni siquiera fueron efectivas).
Por fortuna, cuando les llegó el turno a la tripulación del Apolo XI la historia fue otra y Neil Armstrong, Edwin "Buzz" Aldrin y Michael Collins tuvieron la oportunidad de pisar la Luna en vez de quemarse como si hubieran llegado al sol.
El estadounidense Thomas Midgley hizo importantes avances en ingeniería mecánica y química y es señalado como el inventor del plomo tetraetílico, que después se utilizaría para desarrollar la nafta. Por desgracia, el científico no fue tan visionario a la hora de preparar el complejo sistema de poleas que instaló alrededor de su cama para ayudarle a moverse después de que la poliomielitis lo dejara postrado, en 1940.
Cuatro años más tarde, los asistentes de Midgley lo encontraron estrangulado y sin vida, su cuerpo suspendido sobre el lecho y enredado en las sogas que se suponía que debían auxiliarlo. Quizás debería haber incluido un mecanismo para tirar de una cuerda y hacer sonar una campana.
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