A veces es mejor posar un poco menos y tener en cuenta qué va a salir en la foto.
Es hora de entenderlo: no hay que amucharse frente a la cámara al grito de "¡whisky!" sin antes pensar cómo quedarán dispuestos los cuerpos y las miradas antes de hacer click en el obturador. El resultado de una exposición inescrupulosa no es otro que una catástrofe visual.
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