No se va, la Chiqui, no se va


  • ¿Quién dijo que Mirtha Legrand dejará la TV después de 40 años? Apuesto a que se trata de un gran malentendido.

Aunque no están escritos en ninguna parte, el mundo del espectáculo tiene sus mandamientos. “Nunca te bajes de un éxito”, reza uno de ellos. Confieso que jamás logré entenderlo. No me parece que el éxito sea un motivo necesario ni suficiente para que una persona siga atada a una tarea. ¿Y si ya no le da alegría? ¿Y si estuviera realizándola con piloto automático? ¿Y si aquello que comenzó como un desafío se hubiera transformado en una acción más rutinaria que lavarse los dientes? ¡Pues que se baje en paz de ese tren exitoso que, por la vía del tedio, habrá de conducirlo a la estación del hartazgo!


 


Si me dejaran, yo reformularía la máxima: “Nunca te bajes de una pasión”, diría. No dejes un trabajo mientras siga encendiéndote el poderoso motor del entusiasmo, mientras te haga correr la adrenalina en la sangre, mientras sientas que en cada una de las acciones que incluye tu labor cotidiana te va la vida.


 


Mientras miraba el programa especial con el que Mirtha Legrand celebró sus 40 años en la televisión, me enojé mucho con la idea de que este 2008 sea, de verdad, el de su despedida. “No, Mirtha, no”, quise gritarle a la pantalla. Seguro que, como ella dice, es una señora grande. Pero lo que afirma la cédula de identidad, al aire lo desmiente la imagen de una bella mujer con la picardía y la vitalidad de una muchacha en la mirada. Es cierto que los almuerzos diarios le exigen a su conductora muchas más horas de trabajo que las que el público imagina. Y, sin embargo, basta observar a Mirtha, atenta a todos los detalles de lo cuanto ocurre cada mediodía delante y detrás de las cámaras para afirmar que a ella, el trabajo le sienta bien. Después de cuatro décadas, su relación con la TV podría asemejarse a la de un matrimonio sin conflictos pero que marcha por la monotonía de una meseta. En cambio, Mirtha y la tele siguen en ese estado de enamoramiento que te hace levitar.


 


Al comienzo de esta temporada, Mirtha Legrand anunció que organizaría varias celebraciones en ocasión de sus 40 años al aire. Claro que sí: lo bueno hay que festejarlo; ése es un modo de agradecer los días dichosos. Pero en aquella ocasión, Mirtha dijo también que todos esos agasajos tendrían el gusto de la despedida. A mi me gustaría que recapacite. Que aproveche todos y cada uno de los días de 2008 para brindar por la tarea cumplida durante tantos años, a sabiendas de que lo mejor aún está por venir y que se llama temporada 2009.


 


No es en virtud del éxito que le pido que siga, Mirtha. ¡Al diablo con el exitismo y su inhumana presión sobre la gente! Es en virtud de la pasión, Mirtha; de esa pasión compartida que todavía mantienen usted y la TV. Lo admito: usted no ha establecido con la tele un casamiento sin ley de divorcio: puede dejarla cuando quiera. Pero seamos sensatos: ¿a quién podría ocurrírsele en abandonar al otro en la cima del enamoramiento mutuo? Admítalo, Mirtha: usted y la TV siguen enamorados. ¡Que el amor sea más fuerte, Mirtha! 


 

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