Contexto internacional y desafíos regionales
Escribe Lucía Giambroni (*)
El área de los recursos naturales -en particular la minería- fue el principal destino de las IED (51% en 2012), impulsado por los altos precios y el alto rendimiento en explotación y procesamiento.
En respuesta a esta situación, las posturas adoptadas oscilaron entre dos opciones: utilizar los flujos de capital y la situación superavitaria para diversificar las economías y volcarse a la actividad industrial. O fortalecer la matriz agrícola-exportadora.
A principio de este año un informe de la Cepal sobre las inversiones extranjeras y la actividad exportadora de la región, advertía la creciente tendencia a la reprimarización que exhibían y exhiben aun hoy las economías suramericanas: "se debe considerar en qué medida estas inversiones tienden a transformar la estructura productiva de la región, o por el contrario, a reforzar los patrones de especialización vigentes".
En esta misma línea la conferencia de Unasur, realizada en mayo del año pasado, ya tomaba cuenta de esta tendencia. Mónica Bruckamnn asesora de la Secretaría General de la Unasur declaró entonces: "según datos de la Comisión Económica para la América Latina (Cepal), de 1995 a 2010 las materias primas sin valor agregado pasaron de 38% a casi 70% del total de las exportaciones de América Latina a China. Eso indica un proceso de reprimarización de las exportaciones, en un momento en que la región tendría condiciones plenas de agregar valor a las mismas".
La principal excepción fue Argentina, que mantuvo la participación del componente fabril en sus exportaciones. Si observamos el comportamiento de las exportaciones durante la última década, nos encontramos con un crecimiento del 171,5% para los productos primarios, un 229,7% para las MOA y un 142,4% para las MOI.
El total acumula un 170%, pero lo interesante de destacar es que la suma de las manufacturas da un crecimiento mayor de las mismas respecto a los productos primarios. Esto claramente derriba la teoría del "viento de cola" y muestra como el modelo económico de desarrollo con inclusión se basa en la reindustrialización y la generación de valor agregado.
Cambios para la región
Los índices económicos actuales reflejan una detención del deterioro del crecimiento económico mundial. Europa, los Estados Unidos y Japón Han tendido a restringir el crecimiento de la demanda interna -incluida la demanda de importaciones-, a aumentar los impuestos y restringir el gasto público.
Esta situación, con sus correspondientes efectos multiplicadores en otras economías, como la de China, ha afectado directamente a las economías de América Latina y el Caribe, al provocar una contracción de sus exportaciones.
La política argentina de los últimos diez años ha tendido a diversificar la matriz productiva, fortaleciendo la impronta industrial y el comercio interregional. Un ejemplo significativo es el predominio de las industrias automotriz y de autopartes y de maquinaria y equipo, sobre todo en el comercio entre la Argentina y el Brasil y, en menor medida, entre estos países y el Uruguay.
Ambas industrias aprovechan los beneficios del mercado ampliado, la protección arancelaria y un régimen administrado de las decisiones de inversión y producción de las empresas transnacionales.
Nuevamente frente a las fluctuaciones del escenario internacional resulta clave continuar y profundizar las líneas de acción vigentes desde 2003 en nuestro país que han tendido a favorecer el aumento de la producción y de la diversificación de bienes y servicios.
Esto, sobre la base de acuerdos que involucren al Estado, al sector privado y a los distintos actores sociales, impulsar la inversión en infraestructura, capacitar a la mano de obra para facilitar el cambio estructural y fortalecer la pequeña y mediana empresa para aumentar su productividad y fomentar su inserción competitiva en cadenas de valor.
(*) Profesora de Historia del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)
Temas
Dejá tu comentario