Para el fogón, que conmigo no cuenten



  • Después de ver las imágenes de las “karpas” y la karpa, el partido de rugby, el toro inflable y las escenas de pugilato en el Congreso, apagué el televisor. Del infantilismo político televisado, yo me bajo.  

Todo esto vi en la tele: las “karpas” y la carpa, el toro inflable, el partido de rugby en el camping de la inmadurez política, los legisladores peleando como chicos.  Me pregunto cuántos días faltarán para que en la desesperación por seguir concitando el interés de las cámaras, los unos y los otros organicen el fogón y canten “una que sepamos todos”. No sé que harán los demás televidentes de esta Argentina perturbada por un brote de adolescencia tardía, pero cuando los acampantes cumplan el sueño de ver televisado el fogón, el juego del rayo mortífero, la búsqueda del tesoro que premiará con una milanesa de soja al ganador, que conmigo no cuenten. Yo me bajo.


 


Como la mayoría de la gente, seguí el conflicto del campo en la pantalla, todos y cada uno de los más de cien días que llevamos empantanados. Me angustié, me enojé, me preocupé, me alegré cuando la cordura parecía asomar en el horizonte de este dislate colectivo. Todo eso hice frente al televisor.


 


Clavé los ojos frente a la pantalla con la intención de ver todo: cortes de ruta, conferencias de prensa de los representantes de las cuatro entidades rurales, actos de cualquier signo político donde fuera que los hicieran, discursos de la Presidente Cristina Kirchner en cadena nacional, entrevistas a Alfredo De Angeli, declaraciones de Néstor Kirchner, exabruptos de Luis D´Elía, detenciones en Gualeguaychú y en San Pedro, debates de oficialistas y opositores en programas políticos, cacerolazos urbanos. Todo lo vi y por todo me interesé. Ahora, digo basta para mí.


 


El circo de las karpas y la carpa, las escenas de pugilato que obligaron a suspender el debate en el Congreso, los legisladores llenándose la boca con la palabra democracia y hablando hasta la disfonía sin conseguir tratar el asunto de fondo: todo eso excede mi paciencia de televidente. Por el momento, de esas transmisiones, paso.


 


Eso sí, les dejo una inquietud: cuando los ruralistas, los militantes K y los legisladores alcancen la mayoría de edad y se decidan a celebrar ante las cámaras su ingreso a la adultez, avísenme. Ese día, me volveré a sentar, gustosa, frente al televisor.

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