Escribí la nota de opinión a la que se refiere porque habiendo recibido las invitaciones en el diario y habiéndonos confirmado Diego esta invitación desde la dirección de mail que figuraba en la participación, con mi compañero no pudimos entrar a cubrir su casamiento después de pasar dos horas en la vereda, junto a la mayoría de sus invitados.
Por suerte no había llevado un vestido largo, de modo que soporté el frío un poco mejor que mi compañero, que estaba de traje. Y no, mi ropa no sufrió daños. Gracias por ofrecerse a reemplazar mi vestido, pero no hace falta.
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Todo lo que me cuenta de la fiesta, de la comida, etc., no pude publicarlo justamente porque no pudimos ingresar. Y no es que “la joda tan linda no fue de mi agrado”, sino que simplemente no pudimos participar a pesar de haber sido invitados. Como verá en mi nota, no digo nada sobre lo que sucedió dentro de Amérika.
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Con respecto a los comentarios de los lectores, obviamente no puedo hacerme cargo de ellos: mientras no agredan tienen tanto derecho a opinar como usted y yo. La parte en la que usted afirma que yo los disfruto, bueno, forma parte de sus fantasías, supongo.
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Por último, no siento ninguna necesidad de “revalorizar mi nombre como mujer, periodista y comunicadora social” ni de dar explicaciones acerca de mi posición sobre la discriminación, ya que la nota que escribí no tiene absolutamente nada que ver con eso.
Y hablando de discriminación, usted me saluda “Con todo respeto por ser una mujer”, yo me despido con todo respeto, sin más aclaraciones.
Gabriela
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