Paraguay, entre Lula y Chávez
Lo que a un gobierno de centroderecha le tocó hacer en México, es lo que tendrá que hacer en Paraguay un gobierno de centroizquierda: poner fin a la larga confusión entre un partido y el Estado. En México, Vicente Fox fue quien derrotó y sacó del poder después de siete décadas al Partido Revolucionario Institucional (PRI). Su máximo logro, quizá el único, fue cumplir con su mandato, pero no es poco cuando se trata de una burocracia totalmente amalgamada con un partido omnipresente.
El titánico desafío de Fernando Lugo, para poder gobernar, es “descolorizar” el Estado y el Ejército del Paraguay. Paralelamente, deberá desmantelar la inmensa estructura clientelar creada y mantenida por el partido-gobierno. Pero al mismo tiempo habrá que transparentar una economía atravesada por el contrabando y otra amplia gama de turbios negociados, y ponerla en crecimiento para crear puestos de trabajo que reviertan el drama de la miseria extrema y de la desigualdad social.
Sobre las ruinas que dejó
Las tres décadas de dictadura “stronista” corrompieron el Estado y crearon una economía carcomida por el contrabando y otras actividades ilegales. Y el Partido Colorado fue cómplice, tanto del autoritarismo y las violaciones a los derechos humanos, como del bandolerismo económico y la corrupción generalizada. Pero la caída del dictador que bautizó una ciudad con su propio nombre (Puerto Stroessner), fue un golpe palaciego de su consuegro, el general Andrés Rodríguez, efectuado por Lino Oviedo, un gris oficial que se aventuró en un carro blindado hasta el predio militar donde al dictador sólo lo acompañaba su hijo, e irrumpió en el bunker con un revólver en una mano y una granada en la otra. Pero la corrupción no terminó. El propio Andrés Rodríguez se hizo un palacete versallesco y justificó la fortuna que amasó en tiempo récord diciendo que había dejado de fumar.
También dentro de la hegemonía colorada se dio el gobierno de Juan Carlos Wasmosy, que implicó el fin de la era de los generales y el comienzo del poder político de los ingenieros-empresarios, el sector enriquecido con las grandes obras hidroeléctricas.
Oviedo no había apresado a Stroessner para entregarle el poder a un ingeniero. Por eso no se conformó con la paga que le dio el general Rodríguez, la jefatura del ejército, sino que desde allí construyó poder y engendró las rebeliones a las que sobrevivió el gobierno de Wasmosy y por las que él terminó en la cárcel y el exilio.
De ahí en más, todo fue dramático y brutal. Por su situación jurídica Oviedo no pudo ser presidente, pero colocó en la presidencia al ingeniero Raúl Cubas Grau, en el marco de un acuerdo interno con la línea opositora dentro del Partido Colorado. Fue así como llegó a la vicepresidencia Luís María Argaña, quien había sido ministro de Justicia en la dictadura stronista. Y el engendro gubernamental terminó de la peor manera imaginable: sicarios acribillan al vicepresidente Argaña, estallan protestas en el centro de Asunción, respondidas con una feroz represión que dejó decenas de muertos. Raúl Cubas renuncia a cambio de un salvoconducto al exilio. Las autoridades interinas reinciden en la arbitrariedad y la corrupción. En fin…la tragedia y el absurdo en el mismo escenario.
La rebelión de Oviedo, el turbulento y truncado gobierno del ingeniero Raúl Cubas, el magnicidio de Luís Argaña y las balas sobre las manifestaciones, a lo que se sumó la gestión ineficiente y truculenta de Luís González Macchi, son algunos signos de la atribulada política del Paraguay. Lo grotesco y lo violento marcan el último siglo de historia, en el cual la gestión de Nicanor Duarte Frutos implicó cierta calma y racionalidad. La pregunta es si el país que salió de las urnas será más lógico y estable, o si personalismo y corrupción seguirán generando surrealismo político.
El punto de inflexión en la historia del poder colorado fue la escisión que provocó Lino Oviedo, llevándose consigo parte de la dirigencia y de las bases partidarias. El otro punto de la debacle fue el nuevo conflicto entre presidente y vice, que derivó en el fraude perpetrado a favor de Blanca Ovelar en las internas de diciembre. Pero el resultado no sólo se explica en los conflictos del oficialismo, cuyos gobiernos vieron crecer la pobreza en los años en que decreció en el resto de la región, sino también en el acierto opositor.
La suma de un obispo respetado, de sólida formación económica y sociológica, inspirado en
Al respecto, la pregunta del millón es si el gobierno de Fernando Lugo seguirá la senda chavista por la que marchan el boliviano Evo Morales y el ecuatoriano Rafael Correa, o si el nuevo presidente se inspirará en el corte más liberal del brasileño Lula y el uruguayo Tabaré Vázquez. Las urgencias y necesidades que encontrará su gestión puede inclinarlo hacia la tentadora y generosa billetera del exuberante líder caribeño; pero la forma en que ha venido anunciando su reforma agraria y otras señales de su discurso de campaña muestran su preferencia, en particular, como el estilo y la senda del brasileño Lula.
En ese sentido también puede presionar el PLRA, cuyo aporte al triunfo de Lugo no ha sido menor. En rigor, la primer derrota del Partido Colorado en las urnas fue en 1999, cuando se eligió al sucesor del asesinado Luis Argaña y ganó Julio Franco, el candidato liberal.
Esta fuerza política se originó en el llamado Centro Democrático que fundó el general Antonio Taboada tras
Durante la dictadura de Stroessner se produjeron varias escisiones, pero se consolidó como heredero del viejo PL la agrupación fundada por Domingo Laino en 1978: el Partido Liberal Radical Auténtico, principal fuerza opositora al régimen despótico imperante y bastión de los partidarios de una democracia pluralista y representativa.
Los anuncios de Lugo como presidente electo aún no permiten vislumbrar hacia que vereda de la izquierda se inclinará su gobierno. La reforma agraria es una necesidad en un país cuyo campo produce poca riqueza y mucha desigualdad. También es razonable que busque aumentar el precio de la energía que Paraguay exporta al Brasil y
A la vez, el PLRA equilibrará el gobierno hacia el centro, como contrapeso de las organizaciones marxistas y trotkistas que integran la coalición triunfadora. Por otra parte, también el PT brasileño tiene un fuerte sector marxista y trotkista, sin embargo Lula encaró un gobierno liberal-progresista.
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