“Patito feo”: la argentinidad al palo

¿Sabías que la tira, concebida para niños y adolescentes, contiene guiños para adultos? Te contamos cuáles son.


¿Sabías que si seguís la ruta de esos guiños encontrás un retrato del ser argentino?  Te contamos por qué.


 


La segunda temporada me confirma la sospecha que acuñé en la primera: “Patito feo” es un programa transversal. Y ésa es una de las claves de su éxito. Si bien apunta al público infantil y adolescente, los autores (Mario Schajris y Marcela Citterio) les hacen guiños a la platea adulta. En ese marco, la tira logra reflejar ciertos rasgos característicos del tan meneado ser nacional. A saber:


 




  • Hoy por hoy, los argentinos cultivan un interés desmesurado por las disputas. Lo que atrae es la pelea, cualquiera sea su importancia y el ámbito donde se desarrolle. Los ejemplos sobran: el campo vs. el gobierno; Fernanda Vives vs. la Tota Santillán; Luis D´Elía vs. el grupo Clarín; Pergolini vs. Tinelli; Nazarena vs. Sofovich; Carrió vs. Kirchner; Canal 13 vs. Telefe; Moyano vs. De Angeli, etc. Pues bien, “Patito feo” tiene en el centro de su trama un Boca-River, es decir, las Divinas vs. las Populares, lideradas por Antonella y Patito, respectivamente.


  • ¿Quién es socialmente admirado en la Argentina de hoy? El que consigue su lugar en el mundo del espectáculo. Atrás quedó el anhelo de “M´hijo el dotor”. Ahora, el pasaporte al éxito, el reconocimiento y el dinero se busca en las escuelas de baile, canto y actuación. ¿Dónde estudian, entonces, las Divinas y las Populares? En la Pretty Land School of Arts. ¿Qué ambicionan las unas y las otras, aunque con metodologías diferentes? Triunfar en el mundo de la música.  


  • Antonella necesita conseguir su reincorporación al colegio. Pero como hizo las mil y una para arruinarle la carrera a Patito, la directora no la deja volver. ¿Qué hace entonces la chica con aires de superstar? Lo que haría el argentino típico: llama a los medios, claro.


  • ¿Y qué declara Antonella frente a las cámaras y los micrófonos? Lo que acostumbran a declarar los políticos argentinos cuando están en la mira de la Justicia por alguna trapisonda: afirma ser la víctima de un complot entre la directora y una alumna. Complot que, obviamente, nunca existió. Más aún, Patito, que es la buena de la película, le ha pedido a la directora que autorice el regreso de Antonella al colegio. Pero ese diálogo no tuvo prensa y el invento de Antonella, sí.


  • ¿Cómo reacciona Antonella cuando los periodistas dudan de que una alumna tenga el poder necesario para decidir sobre semejante asunto? Denunciando un supuesto hecho de corrupción: “Es que esta alumna es la nieta de la directora”, dispara, a sabiendas de que ha tirado una bomba mediática que envidiaría Nazarena Vélez.


  • ¿Cómo responden las fans de Antonella al conocer la situación a través de los medios? Organizando un escrache contra Patito en la puerta del colegio. Llevan carteles, por supuesto. ¿Con qué leyenda? “Para Patito, que lo mira por TV”, como es uso y costumbre en la Argentina hipermediática. Las chicas, además, gritan su descontento. ¿Qué vociferan? “Dis-cri-mi-na-ción, dis-cri-mi-na-ción, dis-cri-mi-na-ción”. Cualquier parecido con el lenguaje de los argentinos que hacen un uso indiscriminado del vocablo “discriminación” no es mera coincidencia.


  • Al llegar a la escuela, Patito se sorprende y no logra entender qué es lo que ocurre. ¿Qué hacen las supuestas abanderadas de la lucha contra la discriminación? La increpan al grito de “Fea, fea, fea”.

  A mi criterio, mirado con ojos de adulto y leído entre líneas, “Patito feo” es la argentinidad al palo.

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