El perfil de la mujer que no quiso ser presa de la realeza ni de nadie
Con él Diana Spencer conoció el amor después de dolor. Así, tras la humillación por ser la segunda de un matrimonio ficticio, Dodi Al Fayed, le devolvió la sonrisa y juntos vivieron días apasionados. Sin embargo, sus ansias de privacidad se vieron truncadas por un asedio periodístico feroz. El mismo que los condujo a toda velocidad hacia la muerte. Estaban juntos cuando el Mercedes Benz en el que viajaban se estrelló a más de 200 kilómetros por hora en el Túnel del Alma en París.
Apenas cruzados los 15 conoció a Carlos de Inglaterra, aunque la amistad devino en romance cuando se reencontraron años más tarde. En 1981 se casaron y en junio de 1982 dio a luz a su primer hijo Guillermo. El segundo hijo de los príncipes de Gales, Enrique, nació el 15 de septiembre de 1984.
Sin embargo, a fines de los ochenta no tardarían en llegar los problemas. Aunque la relación se rompió definitivamente en marzo de 1994 y el divorcio no llegaría hasta principios del 96.
Apresada por la prensa
Algunos la llamaban “la mujer más fotografiada del mundo”, aunque la misma persecución que la asfixiaba le permitía difundir sus campañas humanitarias por todo el mundo.
“No perdona nada, sólo busca el error. Cada intención es desviada, cada gesto criticado”, atacó la Princesa del Pueblo a la prensa amarilla a la que catalogaba de “feroz”.
Tampoco es casual que los primeros en asistirla tras su accidente fueran los mismos paparazzis que la perseguían a máxima velocidad. Tres de ellos (Jacques Langevin, Christian Martmnez, Fabrice Chassery) fueron acusados tras su muerte por el cargo de invasión de la intimidad de la pareja”.
Luto dudoso
Frialdad, cautela, rencor. Lo cierto es que la familia real británica decidió hacer un minúsculo y discreto homenaje a quien formara parte de su clan. Así tomó una medida imperdonable para los miles de fieles que llegaron a Londres a homenajear a Diana: excluyeron al público de la misa conmemorativa y se negaron a instalar pantallas gigantes en Saint James para transmitir en vivo la ceremonia religiosa en la Capilla Real.
Hoy su cuerpo descansa en el Jardín de los placeres, en una zona alejada que garantiza privacidad a las pocas personas que pueden acceder visitarla. “Quiero ser la reina del corazón del pueblo pero no me veo como reina de este país… No me guío por el protocolo, lo hago con el corazón, no con la mente. Alguien tiene que salir a demostrarle amor al pueblo. Mi misión es hacer el bien, no soy una persona destructiva”, se autodefinió.
Su muerte dejó sospechas, muchas. Para algunos un atentado del servicio secreto británico por encargo de la realeza. Otros, acusan a una mafia de empresarios que quiso cobrarse la vida de Al Fayed. Lo cierto que un sumario de la investigación sobre su muerte, publicado por la revista Interview, reveló que el accidente estuvo provocado por la velocidad, el alcohol que había consumido el conductor y la fatalidad. Como para que no se siga agrandando la bola de nieve.
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