Las fiestas de Buenos Aires y Punta del Este tienen similitudes y diferencias. Aunque la gente que va a veranear a la ciudad uruguaya, en su mayoría, no es fan de la movida electrónica.
Parece ser que la turista que va al Este está acostumbrado a escuchar y bailar otro tipo de música. Es increíble ver como disfrutan del tema del verano (clavo que te clavo la sombrilla) en lugar de ir a ver un buen discjockey. Igualmente este temporada estuvo floja de djs grosos a nivel mundial salvo raras excepciones.
El East Festival de Punta del Este, que fue de lo mejorcito del verano en Uruguay, nos tenía acostumbrados a tener una mini Creamfields al aire libre en el verano esteño, pero esta vez se desarrolló en dos fechas y en un boliche (Crobar) debido a problemas de sponsoreo. Las figuras fueron Erick Morillo y Danny Howells los días 6 y 7 de enero respectivamente.
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Aunque es frecuente tener djs de gran nivel durante todo el año en Buenos Aires, estas fiestas son especiales y a su vez algo diferentes. Al no haber tanta gente dentro de la disco uno se siente como en un club de Europa o de Estados Unidos a los cuales asiste una cantidad de público justa y no está lleno a punto de explotar. Se podía bailar muy cómodo y siempre estabas rodeado de mujeres de esas que no se ven todos los días.
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Claro que nuestras amigas las pastillas no se podían ausentar en un evento como este. Pero las mismas rueditas que acá tienemn un valor de entre 20 y 30 pesos, allá tenían el mismo pero en dólares. Se ve que hay que pagar el precio del traslado a Punta del Este.
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Si pensaban que el agua más cara del mundo se vendía en Creamfields a ocho pesos, se equivocan. En Punta del Este el agua sale 100 pesos uruguayos (equivalen a 12,5 pesos argentinos). Ni hablar de los tragos, ya que un buen vodka con energizante se cotiza por encima de los 43 pesos nuestros.
En conclusión, son fiestas que si uno tiene un buen dinero, la diversión está garantizada. Podés disfrutar de un buen dj bailando con toda comodidad, rodeado de mujeres increíbles, pero tenés que tener los fondos suficientes para pasar una noche de éstas. En fin... en Buenos Aires a la billetera le dolería mucho menos.
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