Raúl ya no está bajo la sombra tutelar de su hermano Fidel Castro

Teóricamente, desde el próximo lunes (si el domingo es ratificado en el cargo por el Consejo de Estado que durante medio siglo reeligió permanentemente a Fidel) Raúl Castro podrá gobernar sin estar bajo la sombra tutelar de su hermano.

¿Qué implicaría esta nueva realidad? Posiblemente, el inicio de un camino de reformas que, hasta ahora como presidente interino, ha dejado implícitamente planteado como una necesidad urgente en Cuba, aunque a implementar con suavidad y lentitud.

Ocurre que, en el año y medio que lleva al frente del gobierno, Raúl Castro se ha encargado de plantear el diagnóstico. Falta ver si en la nueva etapa que comienza este domingo, o que comenzó el lunes con la renuncia de Fidel, el jefe de Estado anuncia los remedios y operaciones para superar los males políticos, económicos y sociales que ha diagnosticado.

Si eso ocurre, posiblemente Cuba inicie un suave deslizamiento por un sendero de reformas económicas, con muy pocas variaciones políticas. O sea, una lenta apertura de la economía acompañada por una apertura política mucho más lenta aún, o directamente sin apertura política.

El modelo de China y de Vietnam es el que gravita sobre la mente de Raúl Castro, quien tras la renuncia definitiva de su hermano dejaría este domingo de ser un presidente interino para convertirse en un presidente permanente, designado por el Consejo de Estado.

Se trata de un sistema económico mixto, con masivas inversiones privadas y áreas en la que rige el mercado, aunque gobernado por un régimen de partido único. En el caso chino, el mismo Partido Comunista con que Mao tse-Tung y Chou en-Lai vencieron al Kuomintang de Chiang Kai Shek y crearon la República Popular; y en el caso de Vietnam el mismo Partido Comunista de Ho Chi Ming y el general Vanguyén Giap, del vietming y del vietcong.

Una parte de la nomenclatura cubana acepta las reformas económicas porque entiende que el modelo de planificación centralizada colapsó hace varios años. Pero rechaza que la reforma económica sea simultánea a la apertura política.

El argumento rozaría las experiencias rusa y china. Debido a que Mujail Sergueievich Gorbachov realizó la “perestroika” (apertura económica) en forma simultánea a la “glasnost” (transparencia: apertura política) las fuerzas que se desataron hicieron desaparecer a la Unión Soviética. Por eso en China, la reforma y la apertura se limitó a lo económico

En rigor, cuando Deng Xiaoping inició el proceso de cambios, también abarcó la faz política con un notable y veloz incremento de las libertades públicas. Pero cuando esas libertades derivaron en el movimiento estudiantil que demandaba la democratización total, el viejo Deng debió optar entre su mano derecha, el reformista y democrático Zao Ziyang, y su mano izquierda, el duro comunista Li Peng.

Cuando la marea estudiantil inundó Tiananmen, Deng Xiaoping optó por su mano izquierda, y el duro Li Peng envió los tanques a la “Plaza de la Paz Celestial” provocando la masacre que implicó el final de la apertura política, aunque no el de la económica.

Como padre indiscutido de la revolución, Fidel Castro tenía el peso histórico y político para conducir el camino de la reforma económica. Él comandó el ataque al cuartel Moncada, organizó en México la expedición del Granma, venció en la Sierra Maestra, tumbó a Batista y derrotó a los exiliados que desembarcaron en Bahía Cochinos.

Pero el viejo comandante estaba (y está) ideológicamente imposibilitado para aceptar y guiar un proceso de reforma y apertura. Por eso la enfermedad, de algún modo, lo rescató de dos cosas: dejar el poder por muerte o derrocamiento (como ocurre con los dictadores) y enterrar el modelo económico de planificación centralizada que él mismo construyó con el asesoramiento soviético.

En la burocracia y el Politburó del Partido Comunista Cubano, tal vez, ya es mayoritario o se acerca a la mayoría el sector proclive a aceptar un proceso de reforma económica, lento pero constante.

En esa línea estaría Raúl Castro, a juzgar por el diagnóstico que presentó en este año y medio de interinato, y por las señales dialoguistas que envió a Washington y que la miopía de la Casa Blanca no percibió claramente.

Pero otro sector significativo de la estructura del poder cubano se aferra a la convicción de que el pulmotor de petrodólares que conectó Hugo Chávez, permitirá sostener sin cambio alguno el sistema económico vigente en la isla.

Ambas alas del PCC enfrentarán sus visiones el domingo, durante el Consejo de Estado que elegirá al primer presidente que no será Fidel.
De imponerse los partidarios de la apertura económica, el proceso de reformas intentará seguir la pauta cubana de la lentitud y la suavidad, para no arriesgar la continuidad del sistema de poder vigente.

Al fin de cuentas, en lo que están de acuerdos los dos sectores mayoritarios del PCC es en el rechazo a la reforma política, aunque en los últimos meses se ha insinuado un sector minoritario, del que formaría parte el extraordinario artista y disciplinado legislador Silvio Rodríguez, a favor de mayores libertades públicas e individuales.

De estar Cuba en el inicio de un proceso de reforma económica, habrá que ver si Washington actúa en consecuencia, o si continúa restringiéndose al fracasado libreto de los lobbies cubano-americanos de Miami.

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