Raúl ya no está bajo la sombra tutelar de su hermano Fidel Castro
Fidel Castro - 21 de Septiembre
Por Claudio Fantini
Una parte de la nomenclatura cubana acepta las reformas económicas porque entiende que el modelo de planificación centralizada colapsó hace varios años. Pero rechaza que la reforma económica sea simultánea a la apertura política.
El argumento rozaría las experiencias rusa y china. Debido a que Mujail Sergueievich Gorbachov realizó la “perestroika” (apertura económica) en forma simultánea a la “glasnost” (transparencia: apertura política) las fuerzas que se desataron hicieron desaparecer a la Unión Soviética. Por eso en China, la reforma y la apertura se limitó a lo económico
En rigor, cuando Deng Xiaoping inició el proceso de cambios, también abarcó la faz política con un notable y veloz incremento de las libertades públicas. Pero cuando esas libertades derivaron en el movimiento estudiantil que demandaba la democratización total, el viejo Deng debió optar entre su mano derecha, el reformista y democrático Zao Ziyang, y su mano izquierda, el duro comunista Li Peng.
Cuando la marea estudiantil inundó Tiananmen, Deng Xiaoping optó por su mano izquierda, y el duro Li Peng envió los tanques a la “Plaza de la Paz Celestial” provocando la masacre que implicó el final de la apertura política, aunque no el de la económica.
Como padre indiscutido de la revolución, Fidel Castro tenía el peso histórico y político para conducir el camino de la reforma económica. Él comandó el ataque al cuartel Moncada, organizó en México la expedición del Granma, venció en la Sierra Maestra, tumbó a Batista y derrotó a los exiliados que desembarcaron en Bahía Cochinos.
Pero el viejo comandante estaba (y está) ideológicamente imposibilitado para aceptar y guiar un proceso de reforma y apertura. Por eso la enfermedad, de algún modo, lo rescató de dos cosas: dejar el poder por muerte o derrocamiento (como ocurre con los dictadores) y enterrar el modelo económico de planificación centralizada que él mismo construyó con el asesoramiento soviético.
En la burocracia y el Politburó del Partido Comunista Cubano, tal vez, ya es mayoritario o se acerca a la mayoría el sector proclive a aceptar un proceso de reforma económica, lento pero constante.
En esa línea estaría Raúl Castro, a juzgar por el diagnóstico que presentó en este año y medio de interinato, y por las señales dialoguistas que envió a Washington y que la miopía de la Casa Blanca no percibió claramente.
Pero otro sector significativo de la estructura del poder cubano se aferra a la convicción de que el pulmotor de petrodólares que conectó Hugo Chávez, permitirá sostener sin cambio alguno el sistema económico vigente en la isla.
Ambas alas del PCC enfrentarán sus visiones el domingo, durante el Consejo de Estado que elegirá al primer presidente que no será Fidel.
De imponerse los partidarios de la apertura económica, el proceso de reformas intentará seguir la pauta cubana de la lentitud y la suavidad, para no arriesgar la continuidad del sistema de poder vigente.
Al fin de cuentas, en lo que están de acuerdos los dos sectores mayoritarios del PCC es en el rechazo a la reforma política, aunque en los últimos meses se ha insinuado un sector minoritario, del que formaría parte el extraordinario artista y disciplinado legislador Silvio Rodríguez, a favor de mayores libertades públicas e individuales.
De estar Cuba en el inicio de un proceso de reforma económica, habrá que ver si Washington actúa en consecuencia, o si continúa restringiéndose al fracasado libreto de los lobbies cubano-americanos de Miami.
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