Salideras: cómo “marcan” a las víctimas


  • Una seña convenida, un llamado imperceptible por celular o un empleado que filtra datos pueden ser el primer eslabón de una cadena que termina en el motochorro.
  • Estos crímenes, cada vez más frecuentes y muy difíciles de controlar, enfrentan a la Policía y a los bancos, que debaten en quién recae la responsabilidad de las “salideras bancarias”.

Del cliente que sale del sector de cajas exclusivas, los delincuentes ya tienen un dato: que fue a hacer un trámite por más de 50.000 pesos. De otros clientes vienen con información traída de afuera -porque la persona comentó que iba a retirar determinada cantidad de dinero del banco- o de adentro -proporcionado por un empleado infiel-.

Y es a partir de este primer dato que actúa el “marcador”: un delincuente que hace un trabajo fundamental pero de bajísimo riesgo: es el que señala -de una manera imperceptible para los guardias de seguridad- a la persona que atacarán los motochorros en la vereda.


El “marcador” es un delincuente que hace un trabajo fundamental pero de bajísimo riesgo: es el que señala a la persona que atacarán los motochorros en la vereda.    


"Las maneras de avisar son simples: tocarse la cabeza, sacarse los anteojos. También llevan 'seteado' un número en el teléfono y con sólo tocar una tecla le avisan a un compañero que está unos metros atrás o afuera de la sucursal. Cualquiera de esos movimientos no llamaría la atención del policía que está mirando las cámaras, por eso es tan difícil identificarlos", plantea el problema Juan Alberto Sánchez, gerente de seguridad del Provincia.

"Es muy complicado detener a un 'marcador'. Por más que lo veas señalando a un cliente, no es prueba de delito, apenas un indicio", agrega. "Los que marcan no van armados y están en un lugar público. En esta fase, la posibilidad de vincularlos con la banda es casi nula porque hacen su parte y nunca tienen contacto con los demás", señala.

Cuando se da un robo de este tipo, también se sospecha de posibles empleados infieles y respecto de los controles internos, los propios bancos reconocen que no se puede ir muy lejos sin indicios firmes. Se controlan las cintas para ver si detectan alguna irregularidad, los interrogan y se registra el incidente por si se vuelve producir.

"No es como la gente piensa. Si un cajero participa de una entrega no va a ir haciendo señas delante de las cámaras. Es más probable que entregue datos de algún cliente que viene determinados días a cobrar, y les dé una descripción un día antes. Así, él no se pone en riesgo", aseguran fuentes de un banco extranjero que prefieren el anonimato.


Cuando se da un robo de este tipo, también se sospecha de posibles empleados infieles y respecto de los controles internos, los propios bancos reconocen que no se puede ir muy lejos sin indicios firmes.    


Según los especialistas, otra fuente de información de las bandas es el entorno de la víctima. "En ese caso, lo único que se puede hacer es recomendarles discreción a los clientes que van a sacar grandes sumas. A veces se lo dicen a alguien de confianza y éste se lo comenta al pasar a otro y ya está, lo condenaron", señalaron en el mismo banco.

La Policía atribuye parte del problema a una limitación legal para detener a los integrantes de estos grupos. "Deberíamos tener más libertades para la identificación de las personas que aparecen como sospechosas. Si se sintiesen vigilados, se amedrentarían y lo pensarían dos veces. Estamos trabajando en el cambio de leyes específicas para combatir este tipo de delito", explica el jefe de comisarías de la Federal, comisario mayor Gustavo Carca.

"Como varios casos en el Centro están vinculados a los denominados 'motochorros', también tendría que haber medidas en función de identificar a la gente que va en moto", agrega el policía. "Con un chaleco y un casco con un número, por ejemplo". Desde abril, según datos de la Policía, en Capital Federal se hicieron 4.937 controles a motos; 797 terminaron confiscadas por infracciones y hubo 19 conductores detenidos.



Para el Banco Central, las salideras no son un delito bancario, porque suceden afuera.    



En el conurbano, los controles en las cercanías de los bancos los hacen las divisiones especiales de las comisarías. Estas también son las que responden cuando suena la alarma en la sucursal.




Otro de los problemas para el diagnóstico de esta modalidad es la falta de estadísticas. El Banco Central no contempla a las salideras como un delito bancario, a diferencia de los asaltos a las sucursales. Como se produce afuera, las denuncias -si es que se hacen- sólo van a parar a las comisarías y como un robo más.



Más allá del debate, los propios encargados de la vigilancia bancaria recomiendan la bancarización electrónica de todos los trámites para evitar lo más posible tener grandes cifras de efectivo en la mano.

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