El boom inmobiliario de Villa Crespo se llevó a otro clásico, ubicado en plena zona de outlets.
Heladeria
Decir Scannapieco es sinónimo de helado. Y quizás no por su calidad –que no está en duda, claro-, sino por su tradición. Hasta hace pocos días en esta heladería de la avenida Córdoba al 4800, justo donde se amontonan los outlet, no sólo se podía disfrutar de las dulces delicias congeladas, sino también de un espacio que rememoraba los antiguos locales gastronómicos de la ciudad. La modernidad, sin embargo, venció a este modelo de antimarketing, que se doblegó ante el paso del tiempo, el cansancio y las para nada despreciables cifras que ofrece el mercado inmobiliario por este paradigmático lugar (el alquiler de un local de 48 metros cuadrados puede costar hasta 15 mil pesos por mes).
La heladería fue fundada en 1938 por Emilio Scannapieco, un inmigrante italiano. Según publica el diario El Cronista, había aprendido a preparar helados con Saverio Manso, dueño de la primera heladería porteña, y durante varios años vendió pochoclos con un carrito, que después exhibió en la entrada de su local. Emlio, uno de sus tres hijos, luego continuó la tradición y llevó adelante el local hasta el cierre
“Los hermanos dueños del local vieron un movimiento inmobiliario interesante en la zona y decidieron vender. Emilio, que hoy tiene 77 años, no quiso seguir más porque está con algunos problemas de salud”, le contó al diario económico Enrique Lareu, esposo de Ana María Scannapieco, hija de Emilio.
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Para los amantes de este helado, por suerte, la tradición continúa, aunque un poco más lejos. Lareu y su mujer abrieron la heladería “A. M. Scannapieco”, en Villa Pueyrredón, en Nazca 5274. Allí pueden verse los equipos originales que hasta hace poco poblaban el local de la avenida Córdoba.
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