¿Francisco ratificó su liderazgo político?
Su maratónica agenda por Ecuador, Bolivia y Paraguay marcó un punto de inflexión en la agenda latinoamericana. Con discursos cargados de contundentes definiciones sociales y políticas, Francisco demostró por qué es uno de los hombres más influyentes del mundo.

"Y quiero decirles, quiero ser muy claro, como lo fue san Juan Pablo II: pido humildemente perdón, no solo por las ofensas de la propia Iglesia sino por los crímenes contra los pueblos originarios durante la llamada conquista de América", afirmó en su paso por Bolivia. Un histórico y firme pedido de perdón en boca del papa latinoamericano. Ante miles de personas, criticó la lógica de la globalización, que busca transformar todo en objeto de cambio, de consumo, todo negociable, "descartando a todos aquellos que no producen, que no se los considera aptos o dignos porque aparentemente no nos dan los números".
Ya en tierras de San Roque González, y luego de reconocer a la mujer paraguaya como la más gloriosa de América, dio un imponente discurso en el anfiteatro León Condú ante 4.000 representantes de distintas organizaciones de la sociedad en el que plantó las banderas de su pensamiento: "El desarrollo económico tiene que tener rostro humano. No a la economía sin rostro" o "La corrupción es la polilla y la gangrena de un pueblo".
Directo. Frontal. Sin ser agresivo pero con firmeza. Hablando de cada uno de los temas que preocupa a la sociedad como la corrupción, la generación NiNi, el narcotráfico, un mayor acceso a la educación y la salud. Así planteó Francisco los distintos discursos de la gira que demostró su sintonía con los tres presidentes anfitriones pero especialmente con las bases, la gente.
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