Supermamá: tenía cinco hijos y adoptó seis más con discapacidad
Tiene 82 años y hace 40 sumó a su familia un bebé con síndrome de Down. Elegida mujer del año en 1992, Blanca Murall, es madre de once chicos, cinco biológicos y seis del corazón.
Los hijos mayores se fueron casando. Uno de ellos se ordenó cura y el más chico, Fermín, se involucró con el mismo nivel de compromiso que sus padres. La historia no paró. Un nuevo llamado los anotició de un bebe abandonado en una alcantarilla, envuelto en diario. Los Murall no dudaron en sumarlo a la familia. José se convirtió en el hijo nueve. No pasó mucho hasta que todo el barrio se fascinara con el nuevo integrante. Con los años, esos ojos negros lo convirtieron en el canillita más seductor. En 2007, José cruzó por un paso a nivel. Dejó pasar al tren que venía de Retiro. No se dio cuenta que venía otro en sentido contrario. Ese día, todos los negocios cercanos a la estación de Acassuso cerraron sus persianas para llorarlo.
Los últimos en llegar fueron Angelita y Martín. Ella tenía 22 años. "No sé si va a poder con Angelita", le dijeron a Blanca las monjas. Ella por dentro se rio. Al principio fue difícil. Entraba pateando las puertas Poco a poco, Blanca se fue ganando su corazón y le fue enseñando modales. Hoy tiene 54 años y trabaja en McDonalds de San Isidro, donde fue elegida la empleada del mes. Martín llegó hace 30 años.
Poco tiempo después, un domingo, toda la familia se reunió en la larga mesa de la casa de Acassuso. Estaban a mitad de los ravioles cuando uno de los hijos le planteó a los padres hasta dónde iban a llegar.
Entonces nació la idea de transformar ese corazón grande en una fundación que recibiera a personas con discapacidad, para formarlos en distintos oficios, que los preparara para la vida. Allí mismo abandonaron los ravioles salieron a ver una casa en venta. Sólo les faltaba un detalle: conseguir el dinero.
Fue un milagro que coronó tanta entrega. Al día siguiente, un sacerdote amigo llamó a Blanca porque había alguien que quería conocerla. Era Alicia Perez Companc, que acabó donando los fondos para comprar la casa vecina, para que allí comenzara la fundación. El 3 de julio próximo se cumplen 30 años.
Ya no están todos en ese festejo. Hace un año falleció Luis, Olga, que de tanto pedir en los trenes de niña, había contraído tuberculosis murió a los 22 años como consecuencia de los corticoides. Hace 15 años, también falleció Roberto. Blanca y sus hijos mayores quedaron al frente del proyecto, que en estas tres décadas años no paró de crecer.
"Al principio, la gente hablaba de mis hijos como deficientes. Después, aprendimos a decir que eran Down. Más adelante, empezamos a llamarlos "con capacidades especiales". Es puro cuento. Todas son formas de discriminar. Porque para la sociedad son un problema, son algo que no sabe cómo nombrar, porque nadie sabe qué hacer con ellos. Para mí, ellos sólo son Javier, Luis, Olga, Angelita, José y Martín. Mis hijos", dice Blanca.
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