Marcelo González Calderón se había casado con una colega que trabaja en Ayuda a las Víctimas. La doble vida del presunto violador, acusado por seis casos de abusos en Villa Urquiza.
Foto Gentileza: Perfil
El psicólogo Marcelo González Calderón, el presunto "violador de Villa Urquiza" que es investigado por al menos seis casos de abusos, llevaba una doble vida: estaba casado con una psicóloga que trabaja en el programa Ayuda a las Víctimas, aunque en los últimos meses –y según allegados– habían decidido separarse de común acuerdo.
La pareja convivió bajo el mismo techo durante casi diez años. Su esposa tiene un hijo adolescente que convivió con ellos desde que se casaron, y con el que el acusado tenía una "excelente relación", según informó este sábado el diario Perfil.
Ahora, el psicólogo estaba viviendo solo en un edificio de la avenida Córdoba al 3000. Allí la Policía secuestró una computadora personal que pertenecería a una de sus supuestas víctimas, pero también encontró cientos de dibujos llamativos. Eran mujeres desnudas, sin cabezas y sin brazos.
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Las víctimas, que aportaron detalles de su fisonomía para confeccionar el identikit, coincidieron en una cuestión central: el violador les pidió que lo miraran a la cara mientras él las sometía. Pese a ello, una de las mujeres abusadas no lo reconoció en la rueda que se llevó a cabo el jueves pasado y que se repetirá en los próximos días.
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Cuando el hombre fue detenido, su hermana se comunicó con la oficina de sus antiguos compañeros de trabajo para informar sobre su particular situación. "Es un perejil, mi hermano no es capaz de hacer eso", dijo ella con cierta bronca por las versiones que circulaban en los medios.
Ellos coincidieron en la incredulidad, dado que Marcelo jamás había tenido un signo o característica que los haga desconfiar. Nunca había dicho un piropo, una palabra de más ni un gesto desubicado y sus compañeras lo recuerdan como un hombre retraído.
"Tenía perfil bajo, era un como un hombrecito gris", dice una mujer, según el citado diario. Otra recuerda: "Cuando venía a pedir algo o firmar papeles caminaba como con miedo, a veces le temblaban las manos, se ponía nervioso".
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