"Son de Fierro": el que arriesga, gana
*La tira de Pol-ka consiguió las mieles del rating apostando a la incorrección política. Fieles a su propia línea, los autores se atrevieron a matar a Juan, el personaje de Mariano Martínez, y el público los premió.
Fuerte el aplauso, para los guionistas de “Son de Fierro”, Ricardo Rodríguez y Marcela Guerty. Desde el estreno de la tira que se convirtió en uno de los grandes éxitos de 2007 y el primer mes de 2008, demostraron tener sentido de la flexibilidad, capacidad de revisar sus propias decisiones y una enorme disposición a correr riesgos. El miércoles último, con la muerte de Juan, el personaje de Mariano Martínez, la dupla autoral probó, además, que se puede remar contra la corriente de la demagogia y los clichés. ¿Qué consiguieron? Que el público los premiara: la noche en la que murió Juan, el programa obtuvo 22,3 puntos de rating promedio y se convirtió así en el ciclo más visto de la jornada.
La realidad televisiva puso a Rodríguez y Guerty en un brete: alentada por el alto rating obtenido por la tira cuyo final estaba previsto para el mes de diciembre del año último, la producción decidió mantenerla al aire durante enero de 2008. Pero resultó que Mariano Martínez tenía armadas sus vacaciones y hasta allí llegó su amor contractual. ¿Qué aconsejaba la prudencia, tratándose de un personaje querido por el público, ciego, enamorado de la encantadora Morena (Vanesa González) y perseguido por la malísima y desequilibrada Rita (Eleonora Wexler)? Que, tras recuperar la vista, Juan se casara con la buena de la película y que ambos fueran felices y comieran perdices en algún sitio donde no pudiera alcanzarlos la locura de Rita. Ésa habría sido la salida ideal para autores dominados por la obligación marketinera del “happy end”.
Pero los guionistas en cuestión se negaron a tomar el atajo de la solución previsible. Resistieron a la tentación de tratar a los espectadores como niños deseosos de que el cuento termine siempre bien. Y así fue que se cargaron al personaje de Juan y lo mandaron de una puñalada al otro mundo. Como único consuelo para optimistas empedernidos, incluyeron el embarazo de Morena, quien espera un hijo de Juan. O al menos eso es lo que parece hasta ahora, porque la ficción todavía no ha terminado.
No es ésta la primera vez en la que los autores de “Son de Fierro” se atreven a la incorrección política y a los cambios de rumbo. Lo que empezó siendo una comedia, a poco andar se transformó en un drama y fue ése volantazo narrativo el que les permitió sacarle jugo a la tira y conquistar a las grandes audiencias. En esa línea, metieron la drogadicción en el seno de una familia tan típica como la de los Fierro; abordaron el tema de la infidelidad antes con sentido de la realidad que con maniqueísmo: en su momento, Lucía no dejó a su marido para correr detrás de algún impresentable, encaprichado en arruinarle la vida sino por un buen tipo como Juan Cruz (Martín Seefeld); después, en vez de debatirse entre la esposa santa y la amante arpía, Fierro quedó atrapado entre el profundo amor que siente por su mujer Lucía y la verdadera pasión que le despierta Isabel (Andrea Pietra), una chica tan íntegra como la madre de sus hijos.
El mérito de los libros de “Son de Fierro” reside en haber bordado la ficción con las agujas de la realidad. Porque, para desgracia de todos nosotros, en el mundo verdadero, los buenos también mueren; más aún, si los malos o psicópatas les clavan una puñalada certera en el abdomen, no resucitan. Y porque al cabo de 25 años de matrimonio, a la buena gente también se le desgasta la pasión y se le aparece el deseo de volver a experimentar el dulce terremoto del enamoramiento. Y porque en esas circunstancias, la buena gente con más de dos décadas de casada no suele enamorarse de monstruos, arribistas o psicópatas intratables sino de buenos hombres y mujeres con los que quieren compartir una pasión de estreno.
En esos matices está el gran atractivo de la vida. Los guionistas de la tira de Pol-ka los han sabido aprovechar para escribir una ficción digna de un público deseoso de eludir el corset de los culebrones. ¡Bravo por ellos!
Dejá tu comentario