Cristian tiene 29 años y es repostero, pastelero, y facturero. Pero además, todos los días maneja una moto de delivery y entrega pedidos para un restaurant de la Avenida Corrientes. Vive en Rafael Calzada, en el sur del Gran Buenos Aires. “Hasta hace un tiempo tenía un reparto de galletitas, que era más lo mío”, dice Cristian, mirando la moto en la vereda lluviosa.
Hace tres meses que hace solo reparto, en el turno noche.pero le alcanza para saber que el trabajo es bravo. “Es temporario”, asegura Cristian. Trabaja ocho horas, y cobra $600. “No es mucho, pero cuando tenía el reparto era un extra importante”.
Trabajar de noche tiene sus riesgos. Cristian lo sabe. “Es un bajón, más cuando llueve, es peligroso”. Da un ejemplo: “Una vez tuve que entregar en un sexto piso. Tuve que subir, y en el pasillo los demás vecinos me decían que no me metiera en el edificio, porque me iban a afanar”.
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Lo que lo salva son las propinas. “A veces pintan $30 por día”, Cristian sonríe. Con eso llega a sumar algo más de plata, pero enseguida aclara: “el mes que te tocan malas las propinas, fuiste”.
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Después se pone el casco, y sale con la moto, bajo la lluvia.
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