Telefe: ¿compromiso social recargado u oportunismo?

*“Vidas robadas”, la novela que protagoniza Facundo Arana, mezcla la historia de amor con las mafias de la prostitución. En “Montecristo”, fueron los hijos de desaparecidos apropiados por los represores. En “Resistiré”, el tráfico de sangre. ¿A quién le sirve la incorporación de los flagelos sociales en las tiras de ficción?

En “Vidas robadas”, la telenovela que protagoniza Facundo Arana, Telefe vuelve a mezclar conflictos amorosos y sociales. De hecho, la trama entrecruza la historia de amor entre el personaje de Arana y el de Mónica Antonópulos con el deleznable accionar de las redes de prostitución y tráfico de personas, una problemática que el guión dispara mediante el personaje de Soledad Silveyra, la madre de una joven raptada en un pueblo de provincia. En tal sentido, la apuesta es parte de lo que se dibuja como una tendencia en el canal que dirige Claudio Villarruel.

Si uno mira hacia atrás, advierte que “Resistiré” abordó el tráfico de sangre en el marco de la pasión entre Celeste Cid y Pablo Echarri. “Montecristo” tuvo su triángulo amoroso_ Echarri, Paola Krum y Joaquín Furriel_ pero además, incluyó la tragedia de los hijos de desaparecidos criados por sus apropiadores. Con el mismo tema, pero basado en casos reales, el canal redobló la apuesta en “Televisión por la identidad”.

Como refuerzo al ostensible propósito de relacionar la temática social que recorre “Vidas robadas” con la realidad, el lunes último, tras el estreno de “Vidas robadas”, el canal puso al aire la repetición de un documental sobre el tráfico de personas: “Esclavas”, un especial del ciclo “Humanos en el camino”, conducido por Gastón Pauls.

¿Es la actitud de Telefe una muestra de compromiso social recargado o una maniobra oportunista? Ésa es la pregunta obligada ante la línea temática que abordan sus ficciones y la decisión de pegar un valioso documental sobre el tráfico de mujeres al debut de la tira.

En lo personal, adhiero a la incorporación de los flagelos sociales en los ciclos de ficción. Se sabe que las novelas y los unitarios tienen llegada a las grandes audiencias. Ese alcance masivo las vuelve un instrumento poderoso para crear conciencia sobre determinadas problemáticas. No en vano, la Fundación Huésped produce ciclos de ficción para educar en la lucha contra el SIDA y en la necesidad de no discriminar a quienes lo padecen.

Pero, ¿y si la estrategia de combinar telenovelas con problemas sociales le sirviera a Telefe para conseguir rating en la franja del público que normalmente no consume culebrones?  Pues bien, no veo en ello problema alguno. Al fin y al cabo, la televisión privada es una industria que, como cualquier otra, busca obtener ganancias. Y si lo puede hacer con buenas piezas televisivas que además, logren alertar sobre problemas serios y verdaderos, muchísimo mejor.

Se me dirá: ¿Y el oportunismo de hablar de los hijos de los desaparecidos en la misma época en la que se han retomado los juicios a los represores? ¿Y el oportunismo de hablar del tráfico de personas cuando el asunto es noticia?

Pues bien, si “Montecristo” y “Vidas robadas” fueran el fruto del oportunismo y nada más que del oportunismo, yo me pongo pragmática. Si “Montecristo” sirvió para que Abuelas de Plaza de Mayo viera triplicado el número de consultas de jóvenes que sospechan ser hijos de desaparecidos, me importa poco el supuesto oportunismo. Si la novela fue uno de los disparadores para que Marcos Suárez recuperara su identidad, me tienen sin cuidado las intenciones de Telefe. Personalmente, celebro su emisión.

En cuanto a “Vidas robadas”, nadie puede profetizar los efectos que tendrá su mensaje sobre el tráfico de personas. A mí, por el momento, el pragmatismo me lleva a sacar cuentas. Durante los primeros cuatro días en la pantalla, su promedio de rating rondó los 19 puntos. Eso significa que fue vista, sólo en Capital y el Gran Buenos Aires, por una cifra cercana a los dos millones de personas. A esa cantidad de televidentes, hay que sumarles los del resto del país. Si uno solo de todos ellos comprendiera la importancia pelear contra las mafias que trafican personas y la necesidad de denunciarlas, misión cumplida. ¿Y el supuesto oportunismo? Para ser franca, cuando la tele logra despertar actitudes comprometidas o solidarias, en vez de elucubrar teorías sobre las intenciones, valoro lo tangible: el resultado.

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