¿Televidentes descerebrados o ciudadanos lúcidos?

*El secretario de Cultura de la Nación, José Nun, considera que millones de argentinos tenemos el cerebro “jibarizado” por “Gran Hermano”.
*¿Cómo es entonces que el oficialismo y la oposición nos consideran parte del “pueblo soberano” a la hora de pedirnos el voto en un año electoral?.

Confieso que desde ayer no salgo del asombro. Me impresionó que un intelectual de la talla de José Nun, actual secretario de Cultura de la Nación, tenga en tan baja estima a los seres humanos, en especial a los argentinos. Según se desprende de la entrevista que le concedió a La Nación, nuestra capacidad de razonamiento es tan limitada que alcanza con un programa de TV basado en un exitoso formato internacional para que nuestros cerebros queden reducidos a la mínima expresión.

A propósito del reality que emite Telefé, esto fue lo que dijo Nun: “Gran Hermano es una porquería. Es la jibarización del cerebro y del pensamiento humano. Yo no lo he visto en otros países y no sé si es tan malo, pero en la Argentina es una porquería. Me asombra que pueda tener tanto éxito”.

Es una pena que se haya limitado a calificar al ciclo de “porquería” sin fundamentar su opinión porque de haberlo hecho, uno podría acordar o disentir pero al menos sería factible entablar una discusión sobre un asunto interesante: ¿Por qué esa “porquería” atrae desde hace tantos años a las grandes audiencias del mundo globalizado?

Pero puesto a disparar con munición gruesa, el secretario de Cultura de la Nación fue más lejos y extendió sus conceptos sobre “Gran Hermano” a la televisión en general. En alusión al reality de Telefé, señaló que “es una vuelta de tuerca sobre la probada basura que abunda en la televisión. Más basura”. “Le hablo como intelectual más que como funcionario”, le aclaró a la periodista Silvia Pisani, quien lo entrevistó en Madrid, donde el funcionario había viajado en busca de apoyo del gobierno español para la celebración del Bicentenario de la Revolución de Mayo. Como el intelectual prestigioso que es o como funcionario o incluso como simple televidente, Nun goza del derecho a opinar sobre “Gran Hermano” o sobre cualquier otro ciclo lo que mejor le parezca.

El problema no radica allí. Lo inquietante es el modo en que subestima a los espectadores sin tener en cuenta un detalle: los individuos a los que se nos denomina “televidentes” cuando estamos sentados frente a la pantalla chica somos los mismos que recibimos el nombre de “ciudadanos” cuando ejercemos nuestros derechos cívicos.

Hombre de espíritu democrático, es evidente que José Nun está a favor del derecho de los argentinos a decidir en las urnas quienes habrán de conducir el destino de la patria. De hecho, él forma parte de un gobierno que fue elegido conforme al régimen de sufragio vigente: universal, secreto y obligatorio. Más aún, en el presente  año electoral, el oficialismo y la oposición hacen  lo que corresponde en un régimen democrático: pedirnos a los ciudadanos que los votemos y confiar en que estamos capacitados para decidir en el cuarto oscuro.

Pero allí entramos en contradicciones: ¿los millones de argentinos que miramos “Gran Hermano”, el ciclo que, según Nun, jibariza nuestros cerebros estaremos en condiciones de elegir a las autoridades que habrán de gobernar el país? ¿Cómo sostener seriamente que cuando entramos a sufragar somos “el pueblo soberano” mientras que en el living de nuestras casas somos pasto para la jibarización mediante una herramienta tan modesta como es un ciclo de entretenimiento?

Si los productores de “Gran Hermano” estuvieran dotados del poder de los jíbaros, cabe agradecerles que hasta el momento lo hayan ejercido con tanta prudencia; casi a desgano, se diría. Porque, en rigor de verdad, aún no consiguieron reducir nuestros cerebros al punto de volvernos incapaces para percibir con preocupación hechos tales como el asesinato del docente Carlos Fuentealba en Neuquén, la inflación creciente, la inseguridad reinante y el hastío frente a una clase política que en vez de debatir ideas intercambia chicanas.

Según el secretario de Cultura José Nun, respecto de la celebración del Bicentenario para la que está trabajando, en la Argentina, no hay “voracidad alguna” por esa efeméride y ese interés “hay que construirlo”. Como discreto aporte a la construcción, le acerco un dato: el puntapié inicial para conmemorar el Bicentenario, lo dio ni más ni menos que un canal de televisión, TN, en 2005.

Por iniciativa del Carlos D´Elía, gerente de Noticias de Artear, la señal TN creó entonces un espacio denominado “El Bicentenario” en el que se convoca a los intelectuales argentinos a debatir a partir de una pregunta: “¿Cómo deberá ser el país de los 200 años?” . El escenario de esos debates son cuatro de los ciclos periodísticos del canal: _ “El juego limpio”, “Desde el llano”, “A dos voces” y “Otro tema”.

En lo personal, soy una espectadora interesada en “El Bicentenario” de TN. Y eso no impide que también siga “Gran Hermano”. Sospecho que no soy la única argentina que a la hora de mirar la tele quiere de todo un poco: información, entretenimiento, humor, emoción, show y entrevistas.

Respeto la opinión de José Nun pero no la comparto. En cuanto al modo en el que nos relacionamos con la tele, me siento más identificada con la mirada del sociólogo argentino Luis Alberto Quevedo. “No existe el televidente al que le gusta una sola cosa-dijo en una entrevista publicada en La Nación en el mes de febrero último-". Alguien puede tener preferencia por los documentales, las películas o las noticias, pero aun ese televidente de segmentación también quiere ver otras cosas. Quiere zapping, quiere algunas transgresiones, quiere ver programas cuya existencia le resulta inconcebible (…).En nuestros consumos culturales, todos tenemos una complejidad mucho mayor que la idea de que somos una señal dedicada a un solo tema”.

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