Trucos para sí ir al gimnasio
*Por Carmen Barbieri.
La mayoría de mis amigas son flacas. Y sé cómo ven las flacas a sus amigas gordas. Hay muchas que piensan que son un desastre: que no pueden entender que vayan por la vida con las piernas gordas o con el rollo a flor de piel. Otras sienten lástima.
Yo no envidio a las flacas esas. Pero estando en “Bailando por un Sueño” veo esos cuerpos, esas colas, esas cinturitas y la verdad es que me maravillo.
Pero se matan en el gimnasio: viven haciendo Pilates. Yo no voy al gimnasio: no tengo tiempo. Bah, digo que no tengo tiempo, pero en realidad me da un poco de fiaca ir. Me molesta el gimnasio, me aburre, me parece que pierdo el tiempo. Pero si tengo que ir, lo hago como un entrenamiento para mi trabajo. En la cinta, no soy de correr, pero sí de caminar fuerte. Y mientras camino, voy cantando. Puede ser “New York, New York”, algún tema de comedia musical. Los que están a mi lado me miran, y se deben preguntar:
–– ¿Qué le pasa a esta loca?
Lo tiro como una buena idea como para olvidarse del esfuerzo de tener que ir al gimnasio aunque sea a hacer 15 minutos de bicicleta. Si te ponés a pensar: “Tengo que bajar, tengo que bajar, tengo que bajar”, el gimnasio pasa a ser un sufrimiento más, y cuando vuelvas a casa vas a querer hacerte un sándwich de lo primero que encuentres en la heladera, para paliar esa angustia.
Si tenés la voluntad de ir al gimnasio, tratá de hacerlo con alegría. Vas para sentirte bien, no para mirarle el traste duro a una flaca de 22 años y creer que vos vas a llegar a eso fácilmente. Es posible que nunca tengas la cola dura como ella, por más que hagas 40 años de bicicleta fija. No lo digo para desanimarte, sino para que reconozcamos nuestros propios límites.
Sin embargo, así como digo que la gorda no está de moda, digo que las gordas no van al gimnasio. Te invito a hacer una prueba: andá a un gimnasio a ver si hay alguna gorda en las cintas o en las bicicletas. Son todas flacas las que están dale que te dale. También ocurre con los hombres: no hay muchos gordos en el gimnasio. Lo único que ves son mujeres todas divinas, transpiradas, matándose. Puede ser que la gorda le escape al gimnasio un poco por vergüenza, por no querer estar al lado de esas chicas de cuerpo espectacular. Pero las XL tienen que ser fuertes de mente. Si tienen un objetivo, cúmplanlo más allá del qué dirán.
Puedes leer más sobre la vida de Carmen Barbieri y los consejos para las XL en el libro “SOY XL ¿y qué?”, que recientemente publicó a través de la editorial El Ateneo.
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