Una noche de angustia e impotencia


  • Un triste insomnio fue el precio que pagué por haber visto “Tres poderes”. Fue una bicoca, si lo comparo con el padecimiento de los argentinos que fueron noticia en el ciclo de América.


Sucedió el domingo último, por la noche. Ya había visto un par de programas periodísticos con la intención de informarme sobre los temas dominantes en la agenda mediática. Podría haberme ido a dormir. No diría tranquila, dado el sombrío panorama nacional que retrataba la televisión. Pero podría haberme ido a la cama sin que la vergüenza propia y ajena me estrujara el corazón. No ocurrió así.


 


Fruto de mi curiosidad innata y de cierta deformación profesional, me comporté ante las noticias como un bulímico frente a los alimentos: no dominé el impulso de seguir consumiendo. Entonces, me dediqué a mirar “Tres poderes”, el ciclo que emite América, en el horario de las 23. Lo pagué caro: el precio fue una madrugada de angustia e impotencia. Y, sin embargo, me costó una bicoca, si comparo mi insomnio triste con el padecimiento de quienes libran, en Jujuy, una pelea cotidiana y desigual contra el hambre.


 


A ellos se refirió, el sacerdote Jesús Olmedo, uno de los tantos reprimidos en La Quiaca, el viernes último, durante el desalojo del edificio de la Municipalidad, tomado por un grupo de desocupados y referentes de la Multisectorial que reclamaban la emergencia social y alimenticia en la Puna Jujeña. Entrevistado en “Tres poderes”, el cura reiteró el pedido: “Declaren, a la Puna, zona de emergencia social y alimentaria”, les dijo a las autoridades de la República Argentina tras señalar una paradoja que te dolía en los oídos: los chicos mueren desnutridos en el noroeste del país mientras en virtud del superávit fiscal, “las arcas del gobierno están llenas”. Sus dichos sonaron, en la tele, como el clamor de un profeta en el desierto.


 


El sacedote habló sobre una adolescente de 14 años que aparenta 9 y anda con la salud quebrantada. Los médicos no pueden hacer mucho por ella. No son remedios lo que necesita para recuperarse, le explicaron al cura. Su enfermedad se llama desnutrición y se cura con comida. Así de simple. Así de indigno, en un país que mide el enfriamiento de la economía en los pasillos de los shopping, las tiendas de electrodomésticos, los centros de recreación y los billetes destinados al turismo.


 


El padre Olmedo habló también de los 50 centavos más vergonzantes de la Historia. Ésa es la suma que reciben, por alumno y por día, las escuelas jujeñas de parte del gobierno provincial para alimentar a los niños que sólo tienen dos opciones: comer en el colegio o ser devorados por la desnutrición. El cura dijo que los 50 centavos, jibarizados por la inflación, ya no alcanzan para darles leche ni frutas. Y aclaró que los chicos ya comen poco pan, porque los maestros optaron invertir el escaso dinero en un guiso, la única comida caliente que esas criaturas se llevan a la boca durante todo el día.


 


Lo que vino después en “Tres poderes” me resultó tan distante de la vida real que no pude ni quise retenerlo: el ofuscamiento de Luis D´Elía contra el vicepresidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcatti; los anuncios sobre el discurso que daría al día siguiente la primera mandataria, Cristina Kirchner; la opinión del diputado del PRO Federico Pinedo y la de Carlos Reutemann, sobre el conflicto del campo. Traté de imaginar como sonarían todas esas palabras en los oídos de los chicos con el estómago perforado de hambre, en la Puna. Lo que escuché fue un conjunto de voces guturales incapaces de articular algún lenguaje humano. El barullo de las latas vacías chocándose entre sí.

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