Diez buenos restaurantes alejados de los polos gastronómicos

Hay varias opciones para comer bien en Buenos Aires sin necesidad de pasar por Cañitas, San Telmo o Palermo.

En Villa Urquiza, Compañía de Cocina
Uno de los secretos mejor guardados del mapa gastronómico porteño. Los jóvenes chefs Castro & Amenta comparten no sólo el nombre (Juan Ignacio) sino también la pasión por la cocina creativa de autor, con productos nobles y platos que van desde íconos porteños reversionados (revuelto gramajo con huevos de campo y crostino de pan o bife de chorizo en costra de pimienta con risotto de lentejas) hasta recetas de impronta nikkei, como el tiradito mixto de salmón y corvina, rocoto, jugo de lima y mandioca frita. Solo con reserva. (Núñez entre Galván y Valdenegro / T. 156-420-1619)

En Almagro, El Farol
Un clásico sin pretensión de modernidad, frecuentado por familias y grupos de amigos que llenan todas las noches su amplio salón. Con más de tres décadas de vigencia, su fórmula del éxito no esconde secretos: porciones abundantes, carta extensa y variada, ingredientes frescos, mozos "de antes" y una cocina especializada en pastas caseras, aunque la parrilla y los pescados no defraudan. ¿Qué piden los habitués? Calamarettis o rabas, ravioles o fucile al scarparo, risotto de frutos de mar. A la hora del postre, charlotte o  panqueque de manzana al rhum. Para paladares menos convencionales hay crépes de centolla o ancas de rana y, con anticipación, se puede encargar cochinillo o pata de cordero. (Av. Estado de Israel 4488 / T. 4866-3233)

En Paternal, Chichilo

Fundada en 1956, esta cantina tradicional —no confundir con el restaurante homónimo del puerto marplatense— es famosa por ser la favorita de Diego Maradona, por su bizarrísima web, por haberse convertido en locación fetiche de las series de Pol-Ka y, claro, por sus especialidades de cocina ítalo-porteña como sesos a la romana, conejito al vino blanco, ranas a la provenzal y caracoles a la bordalesa (preparados con salsa de tomate, un toque de ajo y vino tinto). Entre los dulces, el tiramisú calabrés y el arroz con leche encabezan las preferencias. Ambiente informal y ochentoso, con camisetas de fútbol decorando las paredes. (Camarones 1901 / T. 4584-1263)

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