La política del PRO en el subte sólo beneficia a la concesionaria

El legislador electo por Alternativa Popular analiza el contexto en el que el gobierno de la ciudad de Buenos Aires dispuso un nuevo aumento en la tarifa del subte.

Escribe Pablo Ferreyra (*)

Las provocadoras declaraciones del titular de Subterráneos de Buenos Aires Sociedad del Estado (SBASE), Juan Pablo Piccardo, que afirmó que "el 70% de la gente que viaja en el subte se toma un café en el día y el café vale 15 pesos" y que esos usuarios "podrían pagar una tarifa de $ 3,50 y con ese dinero mejorar las inversiones y el servicio", reflejan el alto nivel de cinismo del gobierno porteño al equiparar el consumo de bienes comercializables con un servicio público destinado a satisfacer el derecho a la movilidad de todos los ciudadanos.

Los dichos de Piccardo muestran también la ignorancia de los funcionarios del PRO, ya que en realidad, el 70% de los más de un millón y medio de usuarios diarios del servicio al que se refiere el titular de SBASE, son en realidad trabajadores, muchos que vienen desde el conurbano a trabajar a la Ciudad de Buenos Aires, son los pibes que van al colegio todos los días, son los jubilados.

Además, el gobierno porteño disfrazó de "tarifa social" lo que no es más que un congelamiento de la tarifa actual de $2,50 para un universo ínfimo. Pero el debate en torno al aumento en el precio del boleto debería encuadrarse dentro de la discusión acerca de lo que debe ser un servicio público y su función social. Las declaraciones de Piccardo no hacen más que empobrecer este debate.

La falta de planificación y la ausencia de una política pública efectiva en materia de transporte, dieron lugar a un sistema desarticulado, inseguro e ineficiente en la Ciudad de Buenos Aires. La concepción con la que el PRO gestiona el transporte en el distrito no sólo excluye a los sectores más necesitados, sino que es profundamente ineficiente y causa enormes perjuicios económicos y malestar a los 3,6 millones de usuarios que utilizan la red de transporte público.

Una política adecuada en esta materia debería orientarse a garantizar el derecho a una movilidad sustentable y eficiente para los ciudadanos, economizando sus costos y facilitando el acceso a sus establecimientos de trabajo, estudio y hogares. El problema debe ser discutido en términos metropolitanos. Pero implica además que todos los modos de transporte que recorren la Ciudad puedan articularse de forma complementaria y coordinada, atendiendo a mantener una oferta de transporte público a bajo costo.

Por su rapidez, bajos niveles de contaminación, nula congestión vial y seguridad, el subterráneo debería ser el eje central de una política seria para la Ciudad, que aporte a la configuración de un espacio urbano más habitable y a la integración de todos los barrios al tejido urbano y de todas las personas a la vida social, económica, cultural y política.

Pero en Buenos Aires, la cobertura no es suficiente para satisfacer las necesidades de movilidad de sus habitantes y su trazado no resuelve la estructura radiocéntrica de la red de transporte público. Desde su asunción en diciembre de 2007, el PRO no sólo no ha cumplido con las promesas realizadas, como la construcción de 10 kilómetros de subte anuales, sino que aisló a la Ciudad de la región a la que pertenece, con tarifas de subterráneo que cada vez guardan menos relación con las de colectivos y ferrocarriles, fomentando la competencia entre el Metrobús y el subte.

Por otro lado, la política del PRO hacia el subte termina beneficiando sólo a la empresa concesionaria del servicio. A los subsidios que Metrovías recibe del Estado local, se suman los ingresos provenientes del boleto y los beneficios de la explotación de los locales comerciales, de las publicidades en las estaciones y coches. El gasto de la concesionaria termina siendo bajo y el aumento del boleto supone una ganancia extraordinaria para la empresa. Mientras tanto, existen numerosas denuncias contra la empresa acerca de la falta de transparencia en sus balances contables, en los que declara pérdidas ficticias que pretenden impulsar aumentos innecesarios en el boleto con el aval de la actual gestión de la Ciudad.

Resulta fundamental volver a instalar al transporte subterráneo como actor protagónico del desarrollo de la movilidad en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y en el Área Metropolitana en general, incrementando su complementariedad con otros modos de transporte, pero siendo el eje central sobre el cual se planifica la movilidad urbana en nuestro distrito.

(*) Pablo Ferreyra es legislador de la ciudad de Buenos Aires electo por Alternativa Popular

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