Fabiana Ramírez fue atropellada por un conductor borracho en julio del año pasado en Mar del Plata y sufrió múltiples fracturas en piernas y brazos por las que quedó postrada. Desde el hecho, espera que llegue al hospital Interzonal una prótesis que le permitiría recuperar la movilidad de sus extremidades.
En julio del año pasado, Ramírez, de 29 años, fue embestida por un Chevrolet Corsa que circulaba por Fortunato de la Plaza y, al llegar a la esquina de Friuli, perdió el control y terminó incrustado en una carpintería. Debajo de una columna de concreto que se derrumbó a raíz del brutal impacto quedó atrapada la mujer, empleada del comercio. "Estaba esperando junto a la reja que abrieran para entrar a trabajar", recuerda a nueve meses del hecho. A bordo del vehículo viajaba Matías Révori, de 23 años, que había salido de una fiesta y estaba alcoholizado.

"En todo momento estuve consciente; sentía muchísimo dolor porque tenía varios huesos quebrados pero nunca perdí la noción de lo que ocurría", contó al diario 0223. La joven sufrió fracturas de fémur, tibia y peroné de la pierna izquierda; severas lesiones en la rodilla y tobillo de la pierna derecha y fractura del húmero del brazo derecho.

Tras ser rescatada de entre los escombros por bomberos y policías, Fabiana fue trasladada al Hospital Interzonal, en donde estuvo internada cinco meses.

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La operaron varias veces, le colocaron tutores para unir los huesos rotos, se le infectaron los tutores; se los quitaron. En diciembre, justo antes de nochebuena, la dejaron ir a su casa hasta la llegada de una prótesis que le permitirá recuperar la movilidad de sus extremidades. Para ese entonces ya había perdido masa muscular –según sus cálculos, bajó alrededor de diez kilos-, las escaras se multiplicaban y su estado de ánimo tampoco acompañaba. "Durante todo ese tiempo, nunca me vino a ver un psicólogo", asegura.

A nueve meses del episodio, la prótesis sigue en falta
y la mujer se siente "apenas un número de historia clínica entre miles". "Mi enojo no es contra los médicos, que hacen todo lo mejor que pueden, sino contra el sistema. A veces pienso que como no me morí, no pasa nada", dice. Desde enero está postrada en la casa de su mamá, una costurera que trajo su trabajo a domicilio para estar cerca suyo las 24 horas. Es que sus dos piernas continúan rígidas y una de ellas ya no puede flexionarla.

"Es prácticamente un abandono de persona lo que han hecho conmigo aunque, lamentablemente, no soy la única: en el Higa se puede ver a abuelos de más de 70 años con fracturas de cadera que esperan durante muchos meses una operación", dice, y pide a las autoridades sanitarias de la Provincia de Buenos Aires que "por favor" la escuchen.