Fue un domingo para el olvido para un Novak Djokovic acostumbrado a las mieles del éxito. El Nº1 del mundo cayó en la final del Masters 1000 de Roma frente a Andy Murray y una de las "víctimas" de su fastidio fue Damián Steiner, el argentino que fue el juez de silla del encuentro.
Durante un cambio de lado en el segundo set, cuando el marcador ya era favorable al escocés, Djokovic se quejó porque, según él, no se podía seguir jugando por las condiciones climáticas, pese a que en ese momento no llovía.

"¡No quiero jugar!", gritó un desaforado Djokovic a Steiner, que no se amilanó y le respondió en inglés: "Tenés que jugar, ya no llueve".

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"Ahora no llueve, pero estuvo lloviendo durante una hora", replicó el Nº1, que pese a las quejas no pudo lograr su cometido y el partido siguió su curso. Un partido que nunca pudo remontar y que terminó cediendo frente al escocés.