Una ex pareja del DJ cordobés dio su testimonio en el juicio que se le sigue por golpes y abuso contra Vanessa Rial. Habló de golpes, amenazas a familiares y rotura de platos.
La situación judicial de Jorge Cristian Martínez Poch, acusado de secuestrar y violar a su ex novia, se complicó en las últimas horas ya que una ex pareja también lo acusó de violento y contó situaciones violentas que vivió cuando estaban en pareja.

Una mujer con identidad reservada declaró en la última audiencia que se realizó en el juicio oral y, al igual que muchas otras, confirmó que Martínez Poch es un hombre violento.

Ella contó que fue novia del acusado en el 2009, que lo ayudó con dinero para que él pudiera hacer un emprendimiento inmobiliario y que al poco tiempo comenzó a maltratarla verbalmente. Luego vinieron los golpes, las amenazas a sus familiares, lanzamiento de cuchillos contra las puertas y roturas de vajilla.

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Ante el tribunal, la testigo contó que tiempo después de cortar la relación conoció a una de las hijas del imputado y que la niña, por entonces de 10 años, le preguntaba todo el tiempo si le había hecho algo, y que supuso que tenía como una fijación, seguramente porque algo le estaba pasando.

Por otra parte, este miércoles también declaró la médica de Policía que examinó a Vanessa al inicio de la causa y dio cuenta sobre una gran cantidad de lesiones que presentaba.

La profesional recordó que Rial le contó que había estado secuestrada 45 días y que en ese lapso fue golpeada, abusada y amenazada con armas de fuego y cuchillos.

En tanto, una amiga de la víctima describió el cambio que tuvo Vanessa luego de relacionarse con Martínez Poch. Narró que un día de septiembre de 2012 la encontró por Tribunales, que tenía un ojo negro, le preguntó qué le había pasado y le contestó que se había caído.

La semana pasada, otra mujer que mantuvo una relación con Martínez Poch reveló que la obligaba a tomar drogas y le pegaba, hasta que un día, desesperada, embarazada de dos meses y luego de una feroz paliza, salió de la casa que compartían en La Plata, y -con lo puesto- se tomó un micro a Tres Arroyos, donde se quedó a vivir con su abuela.