Argentina produce alimentos para 450 millones de personas pero su gente hace fila en la mítica Plaza de Mayo para recibir frutas que los productores no pueden vender porque les pagan demasiado poco. ¿Por qué?

La carne, la leche y las frutas son parte fundamental de la dieta de los argentinos. Hace pocos meses, con un billete de 100 pesos se podían comprar en cualquier supermercado los tres productos. Quizás de segundas marcas, quizás de cortes populares, quizás frutas sólo de estación. Pero la mesa se podía servir con lo que se llevaba en el bolsillo. La inflación, sumada a la desocupación y la pobreza generaron que centenares de personas se agolpen en Plaza de Mayo para retirar unas manzanas que los productores regalaban en una triste postal que dio la vuelta al mundo. Y no es la primera muestra de desesperación producida por la crisis alimentaria de este 2016.

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En mayo, un centenar de personas faenó y se llevó más de 20 vacas cuando el camión jaula en la que eran transportadas volcó en cercanías de la ciudad santiagueña de Añatuya. Se las llevaron en autos, motos y a pie. Según la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), la carne aumentó casi un 48% en el primer semestre de 2016. Cualquier corte popular que se compraba en 2015 por menos de 70 u 80 pesos, en este año no baja de los 100. Como consecuencia lógica, cayó el consumo por habitante.

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Ese mismo mes comenzaron a protestar los tamberos regalando leche. El sindicato de Camioneros de Santa Fe realizó la entrega gratuita de 10 mil raciones de leche, en Rosario y la ciudad de Santa Fe. En julio, el sector lácteo no participó de la tradicional exposición del campo en La Rural y en agosto siguieron entregando gratuitamente sus productos, esta vez en la ruta 34 en Rafaela. ¿El resultado? Largas filas de gente esperando el regalo prometido para servir en su mesa. Es que a pesar de que a los tamberos les pagan apenas $ 4 por litro, en góndola, el sachet no baja de los $ 15 en las góndolas.

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La triste escena se repitió este martes 23 de agosto en la emblemática Plaza de Mayo de la ciudad de Buenos Aires. Cientos de personas esperaron que productores del Alto Valle de Río Negro, zona frutihortícola por excelencia, les den dos o tres manzanas. La protesta se dio debido a que por el kilo que en verdulerías cuesta unos 40 pesos, a ellos les pagan apenas 2,50 lo que destruye al sector. Desempleados y jubilados, uno terminó llorando, fueron los que compusieron la penosa postal.

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Según la Dirección General de Estadística y Censos porteña, una familia tipo necesitó en la ciudad de Buenos Aires en julio un ingreso de 12.979,40 pesos para no caer en la pobreza y de $ 6.524,62 para no pasar a la indigencia. El descenso promedio del salario real desde diciembre roza el 12 por ciento, según el Instituto Estadístico de los Trabajadores. Y como si fuera poco, la desocupación se acerca a los dos dígitos: el Indec reveló que en julio la tasa de argentinos sin trabajo es del 9,3%. ¿Consecuencia? Necesidades básicas insatisfechas, hambre, miseria, pobreza. Todo en un país en el que unos cuantos tienen alimentos para regalar mientras que otros muchos no tienen cómo comprarlos.