Mauro Fernandes
Mauro Fernandes

A Juan Dual le extirparon el estómago, el colón, el recto y la vesícula biliar por una enfermedad hereditaria. Español, 31 años y enfermero, pedalea desde Nicaragua hasta Argentina y desafía su cuerpo para ayudar a pacientes.

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El órgano que le falta lo lleva en la piel: es un estómago tatuado en su cuádriceps izquierdo. No es lo único que le extirparon de su aparato digestivo: también dejó en quirófanos el colon, el recto y la vesícula biliar. Español, 31 años y enfermero, Juan Dual lucha contra el cáncer, recorre Latinoamérica en bicicleta y desafía su cuerpo para ayudar a pacientes.
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Nicaragua, 15 de noviembre de 2015. Son las 07.52 de un nuevo día de calor en Granada y sus piernas empiezan a moverse. La remera roja que lleva puesta aún está seca; también los pelos negros que se escapan del casco. Su cuerpo liviano flota sobre una bicicleta, cargada con 40 kilos, y arde ante las brasas del asfalto. El desafío por delante es extremo: pedalear trece mil kilómetros hasta Ushuaia.

Una breve historia clínica diría lo que sigue: que Juan Dual nace el 13 de febrero de 1985 en Valencia y cuando tiene 13 años le diagnostican poliposis adenomatosa familiar, una enfermedad hereditaria causada por mutaciones en el gen APC, el cual hace aparecer unos pólipos -bultos- en el tubo digestivo que pueden generar cáncer. Diría, también, que los médicos deciden extirparle el colon y el recto cuando cumple 19 y, más tarde, el estómago y la vesícula, a los 27. Y diría, también, que pierde cincuenta kilos en tres meses.

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Se levanta a las 5 y desayuna pan con queso, frutas, jugo de naranja. A las 6, lee un libro en su e-book, cargado con 54 mil textos. La lectura se estira hasta las 9 cuando se sube a la bicicleta, pedalea entre 60 y 80 kilómetros y consume más de 2.000 calorías. Cada hora frena a un costado de la ruta para comer galletitas, bananas, sándwiches, paltas. Son limitadas porciones acompañadas con agua y reforzadas con enlatados (de frijoles, mejillones, carne), en almuerzos, y carbohidratos (papa, arroz, pasta), en cenas. Duerme ocho horas en carpas, cuarteles de bomberos, sedes de la Cruz Roja, casas a las que lo invitan.

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"Tiene que llevar una dieta pobre en fibra con abundante ingesta de agua. Además, debe vigilarse casi anualmente el resto del tubo digestivo para controlar el desarrollo de nuevos pólipos", dice Eduardo García-Granero, el médico español que lo operó y jefe de la unidad de cirugía general y digestiva del hospital Universitario y Politécnico La Fe de Valencia.

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Las lágrimas que inundan su cara se mezclan con el sudor. La mente ya no obedece al cuerpo y las piernas fortalecidas se han vuelto frágiles. Habla, y dice palabras incompletas que buscan aire en una tarde plomiza de febrero. La lluvia, la niebla y el frío carcomen los sembrados de plátanos y café que bordean la ruta 40 en Alto de la Línea, el paso de montaña más exigente de Colombia. Son más de 20 kilómetros repletos de curvas y pendientes y aún falta para alcanzar la cima, a 3.288 metros de altura. Los mensajes de aliento que recibe y ahora lee son como hidratos de carbono para sobreponerse y terminar una nueva etapa.

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"No todos los pacientes presentan las mismas manifestaciones y cantidad de pólipos, pero prácticamente el 100 por ciento de ellos terminará por desarrollar un cáncer colorrectal en caso de no operarse", explica García-Granero. La poliposis adenomatosa familiar es una enfermedad rara que puede afectar a una de cada 10 mil personas. Juan no es el único en su familia: cuatro de sus seis hermanos son portadores de mutaciones en el gen APC -tres ya fueron intervenidos- y a su papá le tuvieron que extirpar el colon. Sus tíos y su abuela murieron por cáncer.

Diez mujeres en sillas de ruedas lo miran. Es lunes, faltan veinte minutos para las 11 y la sala 3 de la Asociación Nacional de Pacientes de Quimioterapia, en la ciudad de Panamá, está llena. Hay dos cuadros y el televisor está encendido. De remera naranja, short y chaleco, abre sus manos cuando cuenta que él también lucha contra el cáncer. Es la primera vez que habla en un hospital desde que pedalea, pero no será la última. También lo escucharán enfermos en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Paraguay.

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Ya no habla del dolor. Sabe lo que es: lo ha definido en Dualcillo, su blog creado en 2013 y cargado -en un principio- de párrafos sobre el vacío, el miedo y la existencia, como "una sensación que queda como recuerdo de golpes". Tampoco se queja cuando faltan kilómetros. El que se manifiesta es el cuerpo indómito.

Bolivia
, 4 de agosto de 2016. Alcanza los 5 mil kilómetros en bicicleta. No está solo: Adrián Esteban Ortega –argentino, 34 años, mecánico de bicicletas- lo acompaña. Después de conocerse en La Paz, los dos ciclistas aventureros atravesarán el salar más grande del mundo (Uyuni), comerán asado, mantecol, dulce de leche y escucharán temas de Canserbero, Systema Solar, Marilyn Manson. Pedalearán un mes y se despedirán en Orán (Salta).

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El enfermero exprime sus piernas para ayudar a pacientes: busca recaudar fondos para la Asociación Española Contra el Cáncer. Lleva diez meses y los aportes son escasos. "En vez de frustrarse por tener la enfermedad, el loco le dio una patada a todos los problemas y va para adelante. Lo único que le afecta es tener en cero la cuenta para donar", dice Adrián.

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Ahora su página (runnife) está cerrada por falta de dinero y, desde hace tres días, busca trabajo en Salta para poder llegar a Ushuaia. "Las donaciones -comenta Juan- no se mueven y los ahorros se terminaron. Voy a ir a un hospital para preguntar si puedo trabajar como enfermero. No sé cuándo retomaré la ruta".

No sólo lleva tatuado un estómago: hay otras dieciséis imágenes en su piel. "Lo que no te mata te fortalece", la frase (en alemán) de Nietzsche, en el gemelo izquierdo. Un reloj de arena, muy cerca del filósofo. Una calavera, en el bíceps derecho. "Pocas cosas -cuenta- me definen mejor que las piezas que van apareciendo en este tocado cuerpo, que se ha ido sanando y reconstruyendo a base de agujas".

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También tiene tatuado un hashtag: "#NoLoPienses". Es la frase elegida desde que doma la bicicleta. Suele sumarle una palabra que moviliza: "¡Hazlo!". "El diagnóstico -dice- de cáncer, ELA o párkinson no es el final. Q
uiero contagiar mi alegría pese a haber
pasado por tan terribles intervenciones
quirúrgicas".
El enfermero que fue operado cuatro veces y estuvo al borde de la muerte habla de luchar, conocer, transmitir. De vivir.

Diseño: Gabriel Tenaglia.
Producción periodística: Mauro Fernandes.