El oftalmologo Carlos Laje atiende lo que el llama "la clínica del cannabis" de Córdoba capital, un centro que funciona en su consultorio y ya recibe a centenares de pacientes.
"Es el resultado de una experiencia y situación de vida, tanto personal como profesional. Es un lugar de escucha, donde va un grupo de pacientes que más podría llamar padecientes, porque son familias y personas que están padeciendo no sólo una enfermedad, sino una situación", afirmó Laje al diario La Voz del Interior.

La clínica tiene también una modalidad puerta a puerta, ya que en un vehículo de la fundación que preside –La Mirada, dedicada a aportar soluciones oftalmológicas a pacientes de bajos recursos– también visita y recibe consultas de familias que son usuarias medicinales de cannabis.

Laje dijo que la enfermedad de su hija (que tuvo cuando estaba en pareja con Natalia de la Sota, actual concejal de la ciudad de Córdoba e hija del exgobernador) lo llevó a un momento de gran angustia, que pudo convertir en esperanza, gracias a su investigación sobre el cannabis.

"Antes de esto, yo conocía a la marihuana como una droga, no era usuario y no la veía como opción terapéutica a ninguna patología. Pero cuando comencé a informarme, viendo el trabajo que mucha gente hizo antes que nosotros, me formé en el tema. Y yo, que tengo una maestría en Economía de la Salud y un doctorado en Ciencias de la Salud, tuve que empezar a estudiar todo de nuevo. Ahí me empecé a relacionar con especialistas, con grupos de pacientes y me sumé a redes internacionales", manifestó.

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"Finalmente, abrí esta clínica –dijo–, porque hay una gran ausencia del Estado y de la comunidad médica en general. La apertura es una manera de provocar una reacción. Soy padre, soy médico y escucho cientos de historias de gente angustiada. Recibo pacientes martes y jueves, y la clínica es un espacio de contención en la que el paciente va no sólo porque quiere que escuchen cuando está en juego la vida suya o de su hijo, sino que necesita que le puedan acercar una medicina con trazabilidad. Hoy se puede importar cannabis, el famoso aceite de Charlotte, pero todavía no hay una industria nacional del cannabis medicinal, como ya la comenzaron Uruguay y Chile".

"Cuando está en juego la salud, el bienestar y la angustia de una familia
–opinó Laje–, ya no es tanto una cuestión de legalidad sino de legitimidad. Entonces me parece que Argentina daría un paso sociosanitario grande si nos permitiéramos que el cannabis medicinal no tuviera fronteras. La ley invisibiliza el dolor humano. Si alguien cree que los médicos y pacientes violamos la ley, bueno, nos tendrán que juzgar o nos juzgará la historia".

Laje aseguró que las personas que usan marihuana medicinal ya son "cientos de miles en Argentina" y "viven muy angustiadas con esta situación de no poder acceder legalmente a la medicación. A nadie le gusta vivir en la ilegalidad. Pero creemos que tenemos una misión, que es que más gente mejore su calidad de vida. Al pase de la ilegalidad a la legalidad, uno lo ve más como el pase de un paciente que tiene 400 convulsiones a un paciente que, gracias al cannabis, no tiene ninguna".

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Laje trabaja con familias que intentan transformarse en cultivadoras, "porque son espacios terapéuticos que se crean, y es una forma simple y más segura y mucho más barata de acceder al aceite de cannabis. Hoy los pacientes lo encuentran como cada uno puede, a través de contactos por internet, amigos, cultivadores o las agrupaciones de padres que usan cannabis para sus hijos. No hay una vía prolija y establecida".

Contó que ya pudo ver pacientes de las 45 patologías en las cuales se trabaja con marihuana medicinal. También lleva adelante un proyecto de investigación con "90 pacientes, randomizados, para medir la presión ocular según diferentes grupos".

El creador de la clínica también planea comenzar a trabajar la cuestión no sólo desde la medicina, sino también judicialmente, para tratar de que los Tribunales adopten resoluciones que permitan trabajar con mayor tranquilidad a médicos y a pacientes.