Al parecer el recluso guardaba ahí un teléfono celular que había ingresado de contrabando en el penal. Sin embargo el escondite le jugó una mala pasada y terminó pidiendo auxilio.
Ante la sorpresa de todos en el hospital Mi Pueblo de Florencio Varela, el personal de traslado del servicio penitenciario llegó al lugar no con un reo enfermo, sino con un preso de 24 años, al que le colgaba del brazo un mingotorio, del que había sido imposible desprenderlo.

Desde la guardia del hospital al ver la escena se dieron cuenta de que no tenían los elementos necesarios para resolver el problema y llamaron a los bomberos voluntarios del partido. De forma rápida se dio el alerta y la unidad 27 del cuartel que salió para el lugar, según informa el medio local El Radar.

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El suceso, de similares características a uno que había ocurrido en noviembre del 2011, se desencadenó en la tarde del viernes último, cuando comenzaron a oírse gritos desde la celda del recluso en cuestión. Los otros internos alertaron a los guardiacárceles, que al llegar al pabellón comprobaron que el interno tenía su brazo atrapado dentro del mingitorio.

Con un martillo neumático, y con mucho cuidado procedieron a retirar el sanitario de la pared, lo que llevó varias horas. Cuando lograron extraerlo los penitenciarios de la unidad de trasladado llevaron al detenido al hospital central con el sanitario en su brazo.

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El presidiario habría dicho que quería sacar un celular, y que se le trabo el codo. Los detenidos, utilizarían ese escondite para ocultar drogas, teléfonos, facas, puntas etc.

La Dra. Mónica Gómez, jefa de emergencias del nosocomio junto a los bomberos voluntarios Andres Boucard, Luis Soto y Sebastián Martin comenzaron un arduo trabajo. Armados de toda la paciencia del mundo, emprendieron la difícil tarea de cortar con amoladoras el sanitario.

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El brazo del reo estaba muy hinchado, el mayor problema que debían afrontar era la alta temperatura que cobraba el acero, ya que con la fricción de la amoladora se calentaba, por lo tanto continuamente tiraban agua para enfriarlo, colocaban vaselina y maderitas (baja lenguas) entre el metal y la piel.

Mucha paciencia, mucho trabajo, mucha contención y mucha fuerza fue lo que emplearon los rescatistas. Luego de más de dos horas pudiendo liberar el brazo. El detenido quedó en observación y luego de unas horas regreso al penal.