Una década de desendeudamiento sin interrupciones


Escribe Ariadna Somoza (*)

El pasado 19 de Abril los fondos buitres NML de Paul Singer rechazaron la propuesta Argentina de canje de bonos en default  ante la justicia norteamericana, exigiendo que se cumpla el fallo de finales de año pasado del juez Griesa que dictamina que se debe pagar u$s1.330 millones más intereses, lo cual significa un 100% más de lo adeudado.

La propuesta argentina consistía en una oferta que contempla bonos Par para los pequeños acreedores con tenencias que no superen los u$s 50.000, y de bonos Discount, que vencen en el 2033, para los grandes inversores. Los primeros tienen opción de cobrar en efectivo los intereses vencidos tras a la fecha, mientras que a los grandes inversores se les reconocerán los intereses desde el 31 de diciembre de 2003 a diciembre de 2013, a través de bonos Global 17. Pero esta propuesta fue rechazada.

Distintos medios de oposición se han dedicado a defender los intereses extranjeros bajo la consigna de que esto significa un golpe para la estrategia Argentina de desendeudamiento, contradiciéndose cuando plantean que el gobierno ya ha logrado en su historial dos canjes en 2005 y 2010 con una quita de casi el 70%, que significó una restructuración del 93% de sus bonos en default.

Este último dato es fundamental para la utilización del argumento del "pari passu" que obliga a la igualdad para los acreedores del país en el tratamiento de la deuda. Con lo cual salta a la vista que no es alocado el planteo del gobierno argentino de no aceptar la obligación del pago del 100% de lo adeudado.

Ahora bien, la operatoria de los fondos buitres en este anarcocapitalismo (así definido por Cristina Kirchner en una reunión del G-20) es muy conocida. Como su nombre lo indica, su deporte es la especulación financiera sobre los restos de los países en quiebra, lo cual habla a las claras de una situación de desigualdad inicial para la negociación.

Su plato preferido es la intromisión en la soberanía económica y jurídica de los países más débiles. Tienen poder económico y, en el caso de equivocarse con la inversión –como en el caso de los bonos en cuestión- también apelan al poder simbólico. Pueden violar leyes y tratados internacionales como ocurrió hace pocos meses con el embargo de la Fragata Libertad. y otros intentos de quedarse con activos argentinos en todo el mundo, como reservas del Banco Central o la propia casa de San Martín en Boulogne Sur-Mer.

Lamentablemente, el G-20 aun no tiene una política de regulación y sanción sobre este accionar. Recientemente, el G-77, que nuclea en el marco de la ONU a los países en vías de desarrollo del sur-sur, salió a cuestionar públicamente el modus operandi de estos fondos por su carácter especulativo y disruptivo.  En este sentido, aclararon que no pueden ser un escollo para la restructuración de las deudas de los países emergentes, ya que no puede ser más importante su derecho que el derecho del Estado de proteger a sus ciudadanos           

Claro está quiénes defienden localmente a los fondos buitres: son los que no quieren que a la Argentina le vaya bien con su desendeudamiento, ya sea por una cuestión puramente ideológica o porque directamente responden a los intereses de grupos que se han beneficiado de la deuda argentina y que aún siguen viviendo de sus intereses atados a la misma. Ellos sueñan cada noche con un nuevo default. 

Pero eso no va a ocurrir y, aun con más años de litigio por delante, probablemente Argentina triunfe en su estrategia de desendeudamiento.  Ya lo viene haciendo, más allá de lo complejo que resulta la batalla legal por bonos emitidos bajo jurisdicción extranjera, lo que obliga luego a enfrentarse a la justicia de ese país.

Debe entonces quedar claro que se están jugando dos posiciones bien definidas: los intereses de las corporaciones económicas, locales e internacionales, que buscan y buscarán a cualquier precio poder ganar especulando sobre los restos de los más débiles, frente a los intereses del pueblo, como el argentino, que no está dispuesto a volver a ceder la más mínima cuota de dignidad, y menos aun en materia de endeudamiento. En este punto, los defensores de la corporación económica internacional parecen haberse quedado solos, en un país gobernado por un proyecto político que ha renovado expectativas en su pueblo y, lo más importante, lo hizo mucho más consciente de sus derechos.

(*) Socióloga integrante del Grupo de Estudio de Economía Nacional y Popular (GEENaP)

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