Cedin: dimes y diretes de los mercados

Escribe Gustavo Perilli (*)

Con sigilo, los bancos están recibiendo consultas sobre los flamantes Certificados de Depósitos de Inversión (Cedin), mientras se espera el arribo del "bono energético" (Baade) para mediados de mes. Recuérdese que estos instrumentos se diseñaron para moderar "el espíritu animal" de los especuladores financieros y poner en marcha, nuevamente, el mercado inmobiliario, la inversión en la construcción y fondear las necesidades de energía que requiere el desarrollo de la actividad económica.

Concretamente en la novela del Cedin está participando un sinnúmero de protagonistas, mientras queda al descubierto una infinidad de estrategias que permiten inferir cuan complejo es "sintonizar sentido común". Habiendo experimentado presiones cambiarias y azotes del dólar paralelo (cuando las cotizaciones superaron los $ 0), no debería debatirse, ni entronizarse acaloradas confrontaciones si se persigue anclar un tipo de cambio nominal por debajo de $7 mediante el uso del Cedin.

Los inverosímiles títulos periodísticos que, con cosmética propia, se publicaron durante estos días en la Argentina y el mundo adornan el paisaje. La prensa internacional habló de "la doble moneda argentina" y hasta de la impresión de "dólares falsos", desvirtuando las palabras de la Presidente quien, como cualquiera de nosotros, en una especie de susurro, reflexionó acerca de los obstáculos que se superarían si en el país se pudiera emitir la moneda que, legítimamente, sale desde "la imprenta" de la Reserva Federal de los Estados Unidos (FED).

En la teoría macroeconómica, cuando se habla de mercados financieros, siempre se hace referencia a lo deseable que es construir confianza a través de emisiones de papeles con valor que, sin demasiados obstáculos, puedan ser canjeados por moneda nacional o extranjera. Ello hace posible que, voluntariamente, el público le incorpore valor no sólo a ese papel sino también a la moneda nacional, el crédito, la actividad económica y las instituciones.

Sin embargo, en la Argentina la dirección de los acontecimientos es a la inversa. Se ha sostenido con preocupación que el Banco Central (BCRA) no entregará los dólares en tiempo y forma (especulará y se "sentará" sobre la divisa norteamericana para no entregarla y congelar de este modo la filtración de reservas internacionales), emitirá certificados de manera desbocada con o sin respaldo de dólares "blanqueados" y, de manera contrafáctica, que no era necesario llegar a este punto si los recursos se hubiesen administrado correctamente para evitar recurrentes déficit fiscales y procesos inflacionarios lascivos.

Este mecanismo de análisis posee puntos débiles. En primer lugar, "hiere de muerte" a un Cedin recién nacido sin que efectivamente se haya comprobado su efectividad como instrumento de resguardo de valor, que, según se dice, en lo inmediato constituirá una herramienta válida para la reparación de las heridas sufridas por el mercado de cambios, el inmobiliario y la actividad económica a través de cierta restauración de la salud de las expectativas.

Segundo, suponer que no se debería haber llegado a las restricciones cambiarias (el cepo) si se hubieran seguido las recomendaciones convencionales del mercado, constituye un argumento falaz sencillo de derrumbar. Si bien este debate excede al alcance de esta nota, tomemos como ejemplo a Brasil. Hace unos días un diario especializado publicaba un título donde, apesadumbrado, hacía referencia al riesgo de considerar como milagro a economías que luego, empíricamente, demuestran que en realidad nunca lo habían sido: hacía referencia a Brasil.

Al parecer, la estrategia de seguir "a rajatabla" los preceptos "cuasi místicos" del mercado no resultó suficiente para que se desplegara sobre Brasil un manto de inmunidad (cuasi impunidad) que, por lo general, poseen las economías desarrolladas. Actualmente, su moneda está sufriendo sensibles presiones, la inflación amenaza con derribar el sistema de metas, mientras que, se está sosteniendo, se analiza la construcción de controles cambiarios (como en la Argentina).

En la Argentina, además, las divisiones políticas están resultando ser cada vez más preocupantes. Mientras que el espíritu del Cedin apunta "al blanqueo" (con todos los riesgos que ello supone) y a la descompresión de la demanda cambiaria, en otros distritos se habla de la aplicación de impuestos y de un estudio minucioso de la forma en que ese certificado pasa de mano en mano en el mercado.

Si bien los objetivos políticos y los económicos suelen confrontar en lo cotidiano, hecho que es parte de la historia, seguramente no es el momento de derribar propuestas perfectibles sin la presentación de alternativas viables. No se debe perder de vista que las reservas del Banco Central se agotan y que, en la medida que la filtración acelere su marcha, el valor del peso se diluirá, la actividad económica se deprimirá y la inflación y el desempleo avanzarán sin pausa.

"El mercado" no debería olvidarse que las generaciones futuras heredarán nuestras inconsistencias socioeconómicas actuales.

((*) Socio en AMF Economía y profesor de la UBA

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